La figura fundamental en este tema es Abrahám.
Era de Ur, Mesopotamia, por lo que ciertamente el origen del pueblo de Israel
no es hebreo. Abraham pertenecía a la cultura dominante de su tiempo, la
cultura mesopotámica.
¿Qué es lo más
importante de ese período inicial? Es la religión del padre, donde se da
culto al dios de los padres. Lo que en principio unificaba la vida religiosa de
una serie de tribus, que eran nómadas, era que daban culto al dios de los
padres. No es que tuviera ese dios un contorno definido, unos atributos
específicos, no había una teología sobre Dios, pero veneraban, se dirigían,
pedían, al dios de sus padres. En este sentido, no significaba que negasen la
existencia de otros dioses, pero digamos que era una religión familiar; se
veneraba al dios de la familia y a ese sólo. Respecto de los otros dioses, no
se posicionaban en contra de ellos.
La religión del
padre, con los datos que se tienen, se
remonta al segundo milenio antes de Cristo. En tablillas de la Capadocia ya
encontramos la siguiente fórmula: “El dios de mi padre” (seguido de un nombre
propio que era el nombre de ese lugar). En los archivos de Bari (¿) del
siglo XVIII, las cartas del Tel Amarna del siglo XIV; también en la Biblia en
Gn 31, 43, 48, 50; en Éxodo 3, 15, 18,
aparece la fórmula: “el dios de mis padres”, “el dios de tu padre”, “el dios de su padre”;
por lo tanto, es una religión que pertenece al ámbito sumerio-babilónico del siglo
XX antes de Jesucristo y ésta era la vida religiosa de Abraham.
2. JUDAISMO Y ABRAHÁN
La experiencia
patriarcal junto con la salida de Egipto y la Alianza del Sinaí, van a tener
gran importancia en el pueblo de Israel, a partir del acontecimiento del
destierro (sesenta años). Israel va a retomar la historia de los patriarcas,
tanto desde el punto de vista teológico como de su vida misma. Va a asumir
elementos de los patriarcas que van a ser ya patrimonio fundamental del
judaísmo.
¿Por qué en este
momento? ¿Por qué esa reflexión sobre los patriarcas entra con fuerza en el
judaísmo? Porque es el momento en el que han desaparecido los pilares en los
que se basaba la vida religiosa del pueblo de Israel: La monarquía, la tierra y
el Templo.
La monarquía empezó
con Saúl, aunque más que un monarca era un jefe militar de unas tribus, que se
ponían de acuerdo para luchar contra los filisteos. David y, más aún, Salomón,
convierten la monarquía en un absoluto dentro del pueblo de Israel. Es más,
Salomón construye el templo al lado de su casa, del palacio, como si templo y
monarquía fueran la misma realidad y era quien designaba a los sacerdotes; éstos
estaban a su servicio. Se crea la teología monárquica del descendiente: el
Mesías iba a ser descendiente de David. Con la caída de la monarquía, ese
elemento religioso (el monarca), desaparece.
También desaparece la
posesión de la tierra; posesión que tenía su origen primero en el Sinaí. Dios
hace salir al pueblo de Israel de Egipto y lo va a conducir a otra tierra que
va a ser Canaán. Cuando es desterrado,
el pueblo se queda sin ese elemento, que
estaba en relación con el pacto, con la alianza del Sinaí. Y, por último, desaparece el templo como lugar de
manifestación de la gloria de Dios.
Entonces, en esa
circunstancia existencial de destierro, Israel, por supuesto, siempre alentado
y guiado por los profetas, reflexiona sobre la vivencia religiosa de los patriarcas.
¿Cómo puede ser
pueblo de Dios?, ¿cómo puede vivir su relación con Dios cuando no hay
monarquía, ni templo, ni tierra?
Entonces, es ahí
cuando los desterrados se consideran descendientes de los patriarcas y
herederos de la promesa que Dios les hizo. Y hacen la experiencia religiosa del
gran patriarca, de Abraham. Se identifican plenamente con él. ¿Cuál fue la
experiencia religiosa de Abraham tal como nos es narrada en el Génesis? “¡Sal
de tu tierra!” Es decir, yo te daré otra tierra. La vocación religiosa de
Abraham es una expropiación. Dios lo saca de su tierra.
El pueblo de Israel
lee teológicamente el destierro de esta manera: no ha sido una casualidad, no
ha sido una desgracia, sino que pertenece a la providencia de Dios, entronca el
destierro con la vocación de Abraham. Dios nos ha sacado, nos ha expropiado.
Cuando ellos están
seguros, los monarcas que eran los ungidos de Yahvé, dejan a Yahvé y siguen sus
caminos y, en el tiempo de Ajaz, hacen todo lo contrario, pactos militares
contra la voluntad de Dios.
Los monarcas vivían
su potestad al margen de Dios. La tierra se había convertido para ellos en un medio
de enriquecimiento injusto; es lo que los profetas denuncian. Es decir, la
tierra que Dios os ha dado, que es común para todos, ya no es así: unos poseen
la tierra y otros son esclavizados para
trabajar.
Y, además, una vez
que se asientan en la tierra, se pervierte su fidelidad a Dios, se convierten
en idólatras, adoran a los dioses baales.
Lo mismo sucede con
el templo, “vuestros sacrificios no me son gratos”. La religiosidad se
había quedado en una pura manifestación externa, foránea.
Entonces, es una
purificación, porque habían fundamentado su vida religiosa, no en Dios, sino en
elementos terrenos. Y tienen que hacer la experiencia religiosa de Abraham.
¿Y la vida
religiosa de Abraham en qué se apoya? ¿Se apoya en un templo, en una monarquía,
en una tierra? No, se apoya en la pura confianza en Dios. El pueblo del destierro
tiene que confiar en Dios; es la confianza de Abraham. Dios nos ha arrancado de
nuestra tierra y Él nos dará otra tierra en el destierro. ¿Y cuál es esa tierra?
La misma que la de Abraham cuando salió de Ur, de su tierra.
El pueblo tiene que
superar la interpretación de tierra como una cosa física, material. La tierra
que tienen que habitar es Dios mismo. Tienen que vivir en Dios. Abraham
confía en Dios y vive en él.
Su contorno
existencial es un contorno religioso; es su relación con Dios y Dios
está en todas partes. Eso es lo que descubren: que igual que Dios acompañó a Abrahám en sus idas
y venidas como nómadas. Dios también está con nosotros, de tal forma que
podemos seguir viviendo en nuestra fe, en nuestra relación con Yahvé.
¿Qué
características tenía esta religión de los patriarcas que redescubre el pueblo
de Israel?
En primer lugar,
era una religión basada en la confianza,
y no ligada a la tierra. Los patriarcas no tenían un lugar de culto, como en
cambio sucedía en Babilonia, o en la cultura sumeria. Los patriarcas no tenían
templos, es una religión de nómadas. Todo templo está ligado a la tierra.
Es una religión
ligada a la cabeza de un clan o una tribu. Por lo tanto, es una religión
familiar, de piedad personal, de relación humana. Dios se relaciona
personalmente con el hombre. La religión del padre, tal como nos la describe el
Génesis, no está ligada al templo, es una religión ligada a la persona; es propia de la cultura
nómada, a la confianza en el otro, de las familias entre sí. Dios es alguien
que acompaña constantemente en la historia, que es providente. Es una religión
no oficialista, institucionalizada, sino familiar, en la que no hay sacerdotes.
El patriarca es el sacerdote.
Tan ligado está a
la persona, que Dios mismo, lleva el nombre de la persona
que lleva el clan: Dios de Abraham, el toro de Jacob, el Dios de Isaac; como vemos
se vincula el nombre de Dios a la persona.
Otra característica
es que, en cambio, el nombre de Dios, su nombre propio, permanece en el
anonimato aunque se denomina “Él”, que es la denominación común que Dios
recibía en todas las tribus hebreas.
¿Eso que implica?
Que es posible que no todas las tribus tuvieran el mismo “dios”. Sin embargo,
todas las divinidades de las tribus, en cierto modo, caían bajo un mismo
nombre. Podemos decir que eso era algo que también unificaba a las tribus,
significaba un respeto y un reconocimiento al dios de cada jefe de familia, de
cada clan. Había un cierto henoteísmo, todos los dioses en el fondo eran el
mismo Dios.
Esto permitió,
posteriormente, la unificación de las tribus, porque reconocen que Yahvé es el
Dios de todos: de Abraham, de Jacob, de Isaac; que no sabemos si era el mismo o
no (no tenemos datos históricos sobre esto) pero el dios de los padres lo van a
reconocer en Yahvé.
Por los datos que
se tienen sobre el culto de los patriarcas en Éxodo 5, 1 y 12, 21,
se tiene noticias de que celebraban una Pascua ligada al paso del
plenilunio, la luna llena. La celebraban en la noche que hay más claridad. Había
sacrificios de animales, se hacían ritos para alejar el infortunio y también se
comía carne asada al fuego, panes sin levadura, el pan de los beduinos, hierbas
amargas, plantas del desierto.
En el relato de la
Pascua de la salida de Egipto, aparecen, ciertamente, estos elementos, pero
pertenecen ya a la tradición patriarcal, según los datos que hay en la Biblia.
Otra característica
es que, aún siendo una religión personal, no es particularista. El pueblo de
Israel comprende que la vocación de los patriarcas tiene alcance universal.
Fijaos lo que ocurre con el primer patriarca, Noé. Es el paso de la
protohistoria a la historia; Dios va a hacer una alianza con Él y va a ser una
alianza cósmica, universal, con toda la humanidad. Lo mismo va a suceder con
Abraham: En Gn 12,3 “En ti serán bendecidas
todas las naciones de la tierra”.
Los patriarcas
vivían con otros pueblos, se relacionaban con otros pueblos; ellos mismos no
eran una tribu, eran una multitud de
tribus, ni siquiera eran doce (si uno se pone a contar las tribus que aparecen
en los relatos del Génesis y del Éxodo salen más de doce). Lo importante es que
tienen el mismo tronco, todas buscaban un punto común de comunión, en la que
todos se encontraran; por lo tanto, el
carácter universalista está presente. Sí, cada uno tenía su dios, pero todos
reconocían en ese dios, al mismo, el de ellos.
Aunque podían tener distintos nombres,
ese nombre no era el de dios, sino el del patriarca. Cada tribu tenía
una experiencia de Dios y el patriarca era el que llevaba un poco la vida
religiosa de su comunidad, de su familia.
Es importante la
confianza, es importante la promesa; una promesa que está ligada a la cultura nómada, que es
la de la descendencia. Si no tienes descendencia se acaba todo, porque la vida
de un nómada, su apoyo es la familia; la familia que va con él, no se apoya en
una tierra, se apoya en unas relaciones interpersonales. Pero, en la religión
de los padres no se da exclusivismo, es más, se da una convergencia religiosa,
incluso en la diferencia.
Y después, las figuras. Se destacan figuras concretas
como modelo de vida religiosa, de esa confianza en Dios. No sabemos tampoco que
es lo que hizo Abraham, exactamente no lo sabemos, pero sí que sus hijos y su familia vieron en
él a un hombre que confiaba plenamente
en Dios; que lo que hacía, lo hacía en relación con Dios y que si iba a un
sitio lo hacía confiando en Dios, en la providencia y en el amparo de Dios y él
experimentó su protección.
Y eso es lo que
transmite la Biblia. Datos históricos no tenemos, son narraciones por tradición
de la familia de esa persona que marcó la vida religiosa de su clan, de su
tribu y que ellos fueron transmitiendo esa forma de vivir religiosa del
patriarca.
La relación de Mambré ¿es monoteísta, es
politeísta? No se sabe, después se interpreta. Nosotros la interpretamos como
figura de la Trinidad ¿eran ángeles, fue Dios mismo? Pero tampoco importa, lo
que importa es que él tiene una experiencia religiosa de Dios y él confía.
Es más, hay algo
que es ajeno, en la religión del
padre, es el miedo hacia Dios. Esa
concepción que es propia del mito, y de los mitos babilónicos concretamente,
pues es clarísimo que los dioses
destruyen a la humanidad; en la religión del padre no, es la confianza lo que
prima, no hay un miedo hacia Dios. En ese sentido, la religión del padre
expresa perfectamente que lo original en el hombre no es el miedo, incluso a
nivel humano. La relación con Israel no se basa en el miedo; otra cosa es el
temor de Dios, eso es diferente. El
espíritu del temor de Dios es espíritu de reverencia, de veneración, pero no de
miedo o pavor.
En la religión del
padre es la confianza, la cercanía. Esto también tiene que ver con que el Dios
del padre no es, ante todo, un dios cósmico, un dios que se manifiesta en los
fenómenos naturales, sino que es un dios, sobre todo, de los hombres, no de la
naturaleza (aunque no quita que también lo sea). Pero esa dimensión tan fuerte
que está presente en otras religiones y que vincula lo divino a los fenómenos
naturales, de tal modo que dios manifiesta su fuerza y su poder a través del
poderío de la naturaleza, en la religión del padre es, sobre todo, una religión “antropológica”.
Otra característica
de la religión del padre es la promesa.
La promesa abre a la esperanza. La promesa habla de un estado hacia otro. Se
concibe así una concepción lineal y ascendente del tiempo. El contenido de esta
esperanza es doble: contenido de descendencia y contenido de la tierra. En
concreto la descendencia habla de universalidad, habla de paternidad que va más
allá de la paternidad física. El patriarcado de los patriarcas sobrepasa la
realidad física y es un patriarcado religioso, Abraham sería el padre de la fe.
Así para un cristiano también Abraham es nuestro padre en la fe.
La otra promesa es
la tierra, que va a tener su importancia en el post-exilio. Es en este momento
cuando se va a desarrollar una teología sobre la tierra. Muchos en el
post-exilio no vuelven a Jerusalén, sino que muchos se quedan o se van a otros
lugares. Esto genera un conflicto en relación a la tierra. Los que no vuelven ¿que
pasa con ellos? Se repiensa que, en verdad, Abraham es expropiado de su tierra
por Dios. El pueblo judío había hecho de la tierra física un elemento
religioso. Había reducido la promesa de Dios a una realidad natural. En verdad
la tierra no es un elemento tangible, físico, sino que es un elemento
religioso. El hecho de comprender para muchos judíos la dimensión religiosa de
la tierra permitió que, la mayoría de ellos, después del destierro,
permanecieran en donde estaban o se dirigían a otros lugares.
Por concluir con
los contenidos teológicos fundamentales del judaísmo en relación con la
religión del padre, hablaremos de la dimensión universal de las
promesas. Cuando en el Gn 12.3 se hace esta afirmación dirigida a Abraham: “en ti serán bendecidas todas las naciones
de la tierra”, se tiene en cuenta que dicha vocación tiene una misión en
relación a todos los pueblos; es decir, que la bendición de Dios es para todos.
Por tanto, el pueblo de Israel tergiversa su misma realidad teológica cuando se
encierra en sí mismo, cuando produce un movimiento centrípeto, hacia dentro no
hacia afuera, centrífugo, para abarcar a todos.
Consideramos el
drama del pueblo judío a lo largo de todos estos elementos y también de la
incomprensión del resto de los pueblos frente a Israel. El antisemitismo, una
de sus raíces principales es la conciencia del pueblo de Israel de ser elegido
y como esta elección marca una diferencia respecto de los demás pueblos, él es
el pueblo de Dios.
Ahora bien, no
debiera ser así, si el pueblo de Israel asumiera la dimensión universal que
tiene su propia realidad teológica teniendo en cuenta que es bendición para
todas las naciones.
Esto lo entendemos
bien desde el cristianismo, porque una de las cosas más claras del mensaje y la
vida de Jesucristo es esa apertura a todos los pueblos; la universalidad de la
misión del pueblo de Israel, queda realizada en el judío Jesucristo.
Por lo tanto la
misión universal es otra característica que está presente ya en la religión del padre.
Es un Dios que se
dirige al hombre y se presenta en la historia del hombre. Da vida al hombre,
cuida la descendencia, ya vimos que abre al hombre hacia el futuro.
Es una religión del
don. Esto también es fundamental, porque ahí está la gran conexión entre
el judaísmo y cristianismo cuando no se tergiversa el judaísmo; claro está,
como también sucede con el cristianismo cuando no se manipula. Es que la
promesa de Dios no es alcanzable desde el hombre sino que es un don.
Que es don de Dios
en relación con el hijo queda claro, porque Sara es estéril, no puede desde sí
misma procrear, no puede. Eso que Dios ha dicho que va a acontecer no lo puede
realizar por ella misma.
Y la tierra lo
mismo, ya se ha visto: “ponte en camino
hacia…” El “hacia” indica una intencionalidad
y toda intencionalidad tiene un objeto concreto y, en cambio, aquí no la hay;
no hay el objeto concreto, “ponte en
camino hacia…”. La tierra tampoco es alcanzable desde el hombre mismo. Por
eso no se refiere lógicamente a una tierra que es conquistable humanamente.
Otro elemento
fundamental en la religión del padre es el papel de la mujer en relación
a la promesa del hijo. ¿Por qué?, porque ciertamente la promesa del hijo es una
experiencia religiosa característica femenina. ¿En quién acontece, en quien se
realiza la promesa del hijo? Únicamente, en la mujer.
¿Esto tiene
importancia en relación al cristianismo? Claro que la tiene. Incluso en
relación con la protohistoria del pueblo de Israel. En Génesis, Eva y la
promesa de la descendencia ¿a quién se la hace? “Uno de tu linaje aplastará…”. A Abraham se le promete un hijo, un
descendiente, pero a Eva también y la descendencia viene de la mujer.
Esta dimensión
femenina que está tanto en la historia de los patriarcas como en la
protohistoria, en el Génesis, se conecta con el cristianismo, con María, la
judía que da luz a Jesús, y también con
la dimensión de la Iglesia.
Pero, ¿quién va a
dar a luz esta descendencia más innumerable que las estrellas? ¿Quién es la
madre que engendra? La Iglesia, que tiene su concreción, su tipo, y su figura
perfecta, en María. Es la dimensión femenina.
H v. Balthasar
dice, tal vez nos choque la expresión: “sin
esta dimensión femenina el cristianismo sería una religión homosexual”. Hay
que entenderlo; pero sí, es cierto, en el ámbito tanto judío como cristiano la
sexualidad no quedaba al margen, sino que entra dentro de las dimensiones
esenciales de la vida religiosa. Cuando dice: ¡Eh ahí al varón! Es Cristo. La mujer no; no se habla de una forma
asexuada, no, sino que el papel, tanto del varón como de la mujer en lo que les
es propio, entran dentro de la vida religiosa y también de la esencia. Lo
masculino y lo femenino forman parte tanto del judaísmo, como del cristianismo.
La promesa se realiza por un don. Se ha dado al pueblo de Israel una
misión y por medio de esta misión las naciones son bendecidas. El papel que
realiza el hombre, tanto varón como mujer, es un papel misional que pertenece a
la misión religiosa; por eso podemos decir que en la religión del padre es fundamental
la figura femenina, y fijaros que tanto es así que, a lo largo de toda la
historia del pueblo de Israel, se nos relata que la mayor frustración de la
mujer era ser estéril, porque, entonces, no participaba de esto, del
alumbramiento de la descendencia prometida.
También está la
dimensión de alianza. La alianza de Dios con Abraham que va a tener el
signo de la circuncisión. Históricamente no se sabe en qué medida era una señal
tribal o religiosa. No lo sabemos.
Se daba en el grupo
de Abraham bien, pero ¿hasta qué punto tenía un significado religioso?, se
desconoce. Después sí será asumida por el yavismo. No se descarta que tuviese
significación de iniciación, o en la vida madura, en la vida social, o un
elemento de identificación o pertenencia a una familia, pero ciertamente es
posible que tuviera también un carácter religioso, pero se desconoce.
Lo que no hay en la religión del padre, es una
dimensión política como va a adquirir después; tampoco una institucionalidad
cultual; no hay sacerdotes, ni se tiene
noticias de que hubiese un lugar que haya sido centro de una dimensión
sociopolítica o incluso socio-militar que después va a adquirir en el judaísmo
la religión.
4. SAL DE TU TIERRA
Lectura: Gn 12, 1-4.
Yahvé dijo a Abram:
“vete de tu tierra…” Cuando Dios
interviene en la vida humana, dice: “Sal
de tu tierra, vete a la tierra que yo te
indicaré”. Empieza una aventura interminable: sal de tus costumbres, de tu
mentalidad. Dios se nos muestra como el futuro. Dios es el futuro.
“Yo haré de ti un gran pueblo…”: Hay una personalización. Dios nos hace
pueblo porque no somos personas más que en el tejido social. Dios se construye
un pueblo formado de personas individuales.
Y después viene la
bendición (Gn 12,3).
Ponerse en contacto
con Dios es salir en primer lugar. “Vete” indica movimiento. Un movimiento
trascendente que tendremos que ir realizando junto con Él, pues no nos ha dicho
hacia donde. No es una tierra física. Dios va a ir haciendo un cuadro de punto
de cruz contigo. Mientras lo va haciendo, tú sólo vas a ver la parte de atrás
de la tela; sólo al final de tu vida, ya en el cielo, verás la obra por el otro
lado.
Abrahán se llamará
Abrahán. Dios le cambió el nombre al darle la misión (Gn 17,5). Es recreado;
vuelve a salir de las manos de Dios. Tú tienes nombre y Dios te lo va a
cambiar. Te tienes que enterar de tu nombre para saber cuál es tu misión. ¿Dios
ya te ha dicho tu nombre? Pregúntaselo.
Abraham sale a los
75 años de Jarán. Dios le promete a Abraham un pueblo y una tierra. La biblia
va a ser un tratado de geopolítica. Todo va a girar en torno a la tierra y, en
ese giro, Dios se va a ir revelando de tal forma que para el que quiera oír va
a ir descubriendo que la tierra es Él, Dios; en concreto Jesucristo.
5. HOSPITALIDAD
A los 99 años, Abraham se encuentra con Dios y le hace otra promesa. Le
concede un hijo a los 100 años.
De este texto se
pueden decir varias cosas, pero nos vamos a centrar en la hospitalidad de
Abrahan con estos tres hombres. No vamos a entrar en aspectos tales como si
estos tres hombres son, en verdad, una figura de la Trinidad o de si el pueblo
de Dios no viene de la sangre sino de la promesa.
¿Cuándo se
manifiesta la gracia de Dios en este texto? Pues después de la hospitalidad que
manifiesta Abraham con estos tres hombres. La hospitalidad es un caldo de
cultivo de gracia.
Uno de los enemigos
de un matrimonio es el de no practicar la hospitalidad. El matrimonio tiene
varios enemigos: la no comunicación, el no respetar la libertad individual, y también
este último, el de no socialización. El matrimonio tiene que estar abierto a la
socialización, porque gran parte del alimento que va a necesitar viene de la
sabiduría de otros matrimonios o de otras personas. Si el matrimonio se
encierra en sí mismo, pues simplemente se muere; como se muere si no hay
escucha del uno para con el otro, como si no se comunican sentimientos
interiores del uno para el otro, o si no se respeta la libertad personal que
todo ser humano tiene.
La calidad de la
socialización está en la diversidad; es decir, el alimento que reciben los dos
será cuanto más rico, cuanto de más diversos roles, profesiones o condiciones
humanas se muestren en la socialización de dicho matrimonio.
La corriente
filosófica de la fenomenología afirma que la ciencia nace en las relaciones
personales.
En ellas surge un conocimiento objetivo y universal. Y este
conocimiento no mana de tus reflexiones aisladamente sino en comunión con el
otro. Aparte de este conocimiento natural tenemos, como en el ejemplo que hemos
leído, que Dios se manifiesta y se revela precisamente en la hospitalidad.
Donde dos o más estén reunidos en mi nombre allí estoy yo.
6. SACRIFICIOS
Lectura Génesis 22.
“Dios puso a prueba
a Abraham…” Pero él no sabe que ha sido puesto a prueba. Sale victorioso, pero sin
saberlo.
Al principio del
relato, Dios parece querer la muerte y, al final, salva la vida. El relato no
pretende transformar nuestra imagen de Dios. ¿Qué haríamos nosotros en una
situación así?
El relato se titula
“Sacrificio de Isaac”, pero, realmente, ¿es así? ¿O no será correcto
“Sacrificio de Abraham?
Holocausto es un
sacrificio en el que la vida se consume totalmente; es decir, es una entrega
total. Dios le pide a Abraham una entrega total del hijo. El camino de Abraham
es camino de fe; por eso es el padre de los creyentes.
La fe es como
cuando suena el teléfono y te dicen: Te llaman. Y te pones a caminar sobre una
palabra que no has verificado. Aquí la apuesta es de toda nuestra vida. En el
caso de Abraham es de toda su descendencia: su hijo ya era adolescente; es
decir, ya está segura su descendencia.
¿Es Dios
caprichoso, ambicioso? ¿O nos está enseñando a vivir, nos está enseñando que
todo es relativo y que sólo Él es absoluto?
La fe de Abraham
después es una fe de confianza (me agarro a algo firme para no caerme). La fe
es arriesgarse a caminar; la confianza es, “como no me has defraudado, confío”.
Abraham confía en
que Dios proveerá al futuro y ahora tiene que renunciar al mismo. Así obra Dios
en nuestras vidas. Lo que agrada más a Dios, ¿son las penitencias o que nuestro
corazón se entregue a Él?
Fijémonos también
en qué animales se sacrifican. Los nombres adquieren un significado muy
importante. ¿Cuál es el animal para el sacrificio? Gn 22,7: “¿donde está el cordero para el sacrificio?”.
Gn 22,13, “…tomó el carnero y lo
sacrificó en holocausto”. El carnero es el animal padre y el cordero el
hijo. El que se sacrifica es el padre; la pasión es del Padre.
Cristo es el
cordero Pascual. En el judaísmo se acuerdan de Isaac como “el que fue atado”; a
Jesús, en su pasión, lo ataron. Isaac es el modelo de mártir. El cristianismo
presenta a Jesús como el nuevo Isaac. No hay fe sin entrega total.
7. HISTORIA DE LIBERACIÓN DE JACOB
Al leer el primer texto
nos surge una pregunta ¿por qué Labán engaña a Jacob? En el segundo texto
descubrimos que le engaña porque quiere retenerlo, pues Labán sabe que él es
bendecido por causa de Jacob.
¿Nosotros en
nuestro trabajo somos bendición para quien trabajamos o servimos? ¿Damos
testimonio de Cristo con nuestro buen trabajo?
“Sabes cuánto te he servido y cómo le ha ido
conmigo a tu ganado. Lo poco que tenías antes ha crecido inmensamente, porque
el Señor te ha bendecido por mi causa; es
hora de que haga algo también por mi familia”.
Llega un momento en
tu vida en el que dices: “es hora de que haga algo por mi familia”. No has
dejado de trabajar para otros, de entregarte y, lo has hecho, porque seguro que
no te ha quedado más remedio, ya que al principio no tienes ni un chavo. Pero
quien dice trabajo dice otras cosas; no decepcionar a Dios (al concepto de Dios que te han
inculcado); no decepcionar a tus padres, a la Iglesia, a tus profesores, etc…
Pero el corazón humano está ahí, y te dice lo que Zubiri, nuestro filósofo
español, que “el amor humano es la unidad
de dos amores con dos fines distintos, el amor ágape y el amor eros”. El
amor ágape es el amor que se dona a Dios y a otros hombres. El amor eros es el
amor a sí mismo. El amor eros nos empuja a trabajar en lo que realmente somos.
Tengo una amiga de
trabajo que, comiendo con ella, me dijo que no sabe cómo lo va hacer pero que
ahora tiene que vivir para ella. Es una chica que exclama lo que Jacob afirma: “es hora de que haga algo también por mi
familia”.
En verdad, no es
que sólo ahora te dediques a ti, sino que tu ágape estaba muy arriba y necesita
ser equilibrado con tu eros. Es la unidad entre los dos amores lo que nos da el
equilibrio.
Si sólo pensamos en
nosotros nos volvemos egoístas y eso nos encierra en sí mismos y es nuestra
perdición. Si sólo pensamos en los demás, y no nos queremos, descubrirás que las
otras personas no te corresponderán de la misma manera y vivirás frustrada. Hay
que buscar el equilibrio.
8. HISTORIA DE JOSÉ