Periodo patriarcal

1.     LA RELIGIÓN DEL PADRE

       La figura fundamental en este tema es Abrahám. Era de Ur, Mesopotamia, por lo que ciertamente el origen del pueblo de Israel no es hebreo. Abraham pertenecía a la cultura dominante de su tiempo, la cultura mesopotámica.
      ¿Qué es lo más importante de ese período inicial? Es la religión del padre, donde se da culto al dios de los padres. Lo que en principio unificaba la vida religiosa de una serie de tribus, que eran nómadas, era que daban culto al dios de los padres. No es que tuviera ese dios un contorno definido, unos atributos específicos, no había una teología sobre Dios, pero veneraban, se dirigían, pedían, al dios de sus padres. En este sentido, no significaba que negasen la existencia de otros dioses, pero digamos que era una religión familiar; se veneraba al dios de la familia y a ese sólo. Respecto de los otros dioses, no se posicionaban en contra de ellos.
      La religión del padre, con los datos que se tienen,  se remonta al segundo milenio antes de Cristo. En tablillas de la Capadocia ya encontramos la siguiente fórmula: “El dios de mi padre” (seguido de un nombre propio que era el nombre de ese lugar). En los archivos de Bari (¿) del siglo XVIII, las cartas del Tel Amarna del siglo XIV; también en la Biblia en Gn 31, 43, 48, 50;  en Éxodo 3, 15, 18, aparece la fórmula:  “el dios de mis padres”, “el dios de tu padre”, “el dios de su padre”; por lo tanto, es una religión que pertenece al ámbito sumerio-babilónico del siglo XX antes de Jesucristo y ésta era la vida religiosa de Abraham. 

2.     JUDAISMO Y ABRAHÁN
 
      La experiencia patriarcal junto con la salida de Egipto y la Alianza del Sinaí, van a tener gran importancia en el pueblo de Israel, a partir del acontecimiento del destierro (sesenta años). Israel va a retomar la historia de los patriarcas, tanto desde el punto de vista teológico como de su vida misma. Va a asumir elementos de los patriarcas que van a ser ya patrimonio fundamental del judaísmo.
     ¿Por qué en este momento? ¿Por qué esa reflexión sobre los patriarcas entra con fuerza en el judaísmo? Porque es el momento en el que han desaparecido los pilares en los que se basaba la vida religiosa del pueblo de Israel: La monarquía, la tierra y el Templo.
     La monarquía empezó con Saúl, aunque más que un monarca era un jefe militar de unas tribus, que se ponían de acuerdo para luchar contra los filisteos. David y, más aún, Salomón, convierten la monarquía en un absoluto dentro del pueblo de Israel. Es más, Salomón construye el templo al lado de su casa, del palacio, como si templo y monarquía fueran la misma realidad y era quien designaba a los sacerdotes; éstos estaban a su servicio. Se crea la teología monárquica del descendiente: el Mesías iba a ser descendiente de David. Con la caída de la monarquía, ese elemento religioso (el monarca), desaparece.
     También desaparece la posesión de la tierra; posesión que tenía su origen primero en el Sinaí. Dios hace salir al pueblo de Israel de Egipto y lo va a conducir a otra tierra que va a ser Canaán. Cuando es  desterrado, el  pueblo se queda sin ese elemento, que estaba en relación con el pacto, con la alianza del Sinaí. Y, por último,  desaparece el templo como lugar de manifestación de la gloria de Dios.
     Entonces, en esa circunstancia existencial de destierro, Israel, por supuesto, siempre alentado y guiado por los profetas, reflexiona sobre la vivencia religiosa de los patriarcas.
    ¿Cómo puede ser pueblo de Dios?, ¿cómo puede vivir su relación con Dios cuando no hay monarquía, ni templo, ni tierra?
    Entonces, es ahí cuando los desterrados se consideran descendientes de los patriarcas y herederos de la promesa que Dios les hizo. Y hacen la experiencia religiosa del gran patriarca, de Abraham. Se identifican plenamente con él. ¿Cuál fue la experiencia religiosa de Abraham tal como nos es narrada en el Génesis? “¡Sal de tu tierra!” Es decir, yo te daré otra tierra. La vocación religiosa de Abraham es una expropiación. Dios lo saca de su tierra.
    El pueblo de Israel lee teológicamente el destierro de esta manera: no ha sido una casualidad, no ha sido una desgracia, sino que pertenece a la providencia de Dios, entronca el destierro con la vocación de Abraham. Dios nos ha sacado, nos ha expropiado.
    Cuando ellos están seguros, los monarcas que eran los ungidos de Yahvé, dejan a Yahvé y siguen sus caminos y, en el tiempo de Ajaz, hacen todo lo contrario, pactos militares contra la voluntad de Dios.
     Los monarcas vivían su potestad al margen de Dios. La tierra se había convertido para ellos en un medio de enriquecimiento injusto; es lo que los profetas denuncian. Es decir, la tierra que Dios os ha dado, que es común para todos, ya no es así: unos poseen la tierra  y otros son esclavizados para trabajar.
    Y, además, una vez que se asientan en la tierra, se pervierte su fidelidad a Dios, se convierten en idólatras, adoran a los dioses baales.
    Lo mismo sucede con el templo, “vuestros sacrificios no me son gratos”. La religiosidad se había quedado en una pura manifestación externa, foránea.
    Entonces, es una purificación, porque habían fundamentado su vida religiosa, no en Dios, sino en elementos terrenos. Y tienen que hacer la experiencia religiosa de Abraham.
    ¿Y la vida religiosa de Abraham en qué se apoya? ¿Se apoya en un templo, en una monarquía, en una tierra? No, se apoya en la pura confianza en Dios. El pueblo del destierro tiene que confiar en Dios; es la confianza de Abraham. Dios nos ha arrancado de nuestra tierra y Él nos dará otra tierra en el destierro. ¿Y cuál es esa tierra? La misma que la de Abraham cuando salió de Ur, de su tierra.
    El pueblo tiene que superar la interpretación de tierra como una cosa física, material. La tierra que tienen que habitar es Dios mismo. Tienen que vivir en Dios. Abraham confía en Dios y vive en él.
     Su contorno existencial es un contorno religioso; es su relación con Dios y Dios está en todas partes. Eso es lo que descubren: que  igual que Dios acompañó a Abrahám en sus idas y venidas como nómadas. Dios también está con nosotros, de tal forma que podemos seguir viviendo en nuestra fe, en nuestra relación con Yahvé.
3.     CARACTERISTICAS DE LA RELIGIÓN DEL PADRE

      ¿Qué características tenía esta religión de los patriarcas que redescubre el pueblo de Israel?
      En primer lugar, era una religión basada en la confianza, y no ligada a la tierra. Los patriarcas no tenían un lugar de culto, como en cambio sucedía en Babilonia, o en la cultura sumeria. Los patriarcas no tenían templos, es una religión de nómadas. Todo templo está ligado a la tierra.
     Es una religión ligada a la cabeza de un clan o una tribu. Por lo tanto, es una religión familiar, de piedad personal, de relación humana. Dios se relaciona personalmente con el hombre. La religión del padre, tal como nos la describe el Génesis, no está ligada al templo, es una religión  ligada a la persona; es propia de la cultura nómada, a la confianza en el otro, de las familias entre sí. Dios es alguien que acompaña constantemente en la historia, que es providente. Es una religión no oficialista, institucionalizada, sino familiar, en la que no hay sacerdotes. El patriarca es el sacerdote.
    Tan ligado está a la  persona,  que Dios mismo, lleva el nombre de la persona que lleva el clan: Dios de Abraham, el toro de Jacob, el Dios de Isaac; como vemos se vincula el nombre de Dios a la persona.
    Otra característica es que, en cambio, el nombre de Dios, su nombre propio, permanece en el anonimato aunque se denomina “Él”, que es la denominación común que Dios recibía en todas las tribus hebreas.
    ¿Eso que implica? Que es posible que no todas las tribus tuvieran el mismo “dios”. Sin embargo, todas las divinidades de las tribus, en cierto modo, caían bajo un mismo nombre. Podemos decir que eso era algo que también unificaba a las tribus, significaba un respeto y un reconocimiento al dios de cada jefe de familia, de cada clan. Había un cierto henoteísmo, todos los dioses en el fondo eran el mismo Dios.
    Esto permitió, posteriormente, la unificación de las tribus, porque reconocen que Yahvé es el Dios de todos: de Abraham, de Jacob, de Isaac; que no sabemos si era el mismo o no (no tenemos datos históricos sobre esto) pero el dios de los padres lo van a reconocer en Yahvé.
    Por los datos que se tienen sobre el culto de los patriarcas en Éxodo 5, 1 y  12, 21,  se tiene noticias de que celebraban una Pascua ligada al paso del plenilunio, la luna llena. La celebraban en la noche que hay más claridad. Había sacrificios de animales, se hacían ritos para alejar el infortunio y también se comía carne asada al fuego, panes sin levadura, el pan de los beduinos, hierbas amargas, plantas del desierto.
    En el relato de la Pascua de la salida de Egipto, aparecen, ciertamente, estos elementos, pero pertenecen ya a la tradición patriarcal, según los datos que  hay en la Biblia.
   Otra característica es que, aún siendo una religión personal, no es particularista. El pueblo de Israel comprende que la vocación de los patriarcas tiene alcance universal. Fijaos lo que ocurre con el primer patriarca, Noé. Es el paso de la protohistoria a la historia; Dios va a hacer una alianza con Él y va a ser una alianza cósmica, universal, con toda la humanidad. Lo mismo va a suceder con Abraham: En Gn  12,3 “En ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra”.
   Los patriarcas vivían con otros pueblos, se relacionaban con otros pueblos; ellos mismos no eran una tribu,  eran una multitud de tribus, ni siquiera eran doce (si uno se pone a contar las tribus que aparecen en los relatos del Génesis y del Éxodo salen más de doce). Lo importante es que tienen el mismo tronco, todas buscaban un punto común de comunión, en la que todos se encontraran; por lo  tanto, el carácter universalista está presente. Sí, cada uno tenía su dios, pero todos reconocían en ese dios, al mismo, el de ellos.  Aunque podían tener distintos nombres,  ese nombre no era el de dios, sino el del patriarca. Cada tribu tenía una experiencia de Dios y el patriarca era el que llevaba un poco la vida religiosa de su comunidad, de su familia.
    Es importante la confianza, es importante la promesa; una promesa  que está ligada a la cultura nómada, que es la de la descendencia. Si no tienes descendencia se acaba todo, porque la vida de un nómada, su apoyo es la familia; la familia que va con él, no se apoya en una tierra, se apoya en unas relaciones interpersonales. Pero, en la religión de los padres no se da exclusivismo, es más, se da una convergencia religiosa, incluso en la diferencia.
    Y después, las figuras. Se destacan figuras concretas como modelo de vida religiosa, de esa confianza en Dios. No sabemos tampoco que es lo que hizo Abraham, exactamente no lo sabemos,  pero sí que sus hijos y su familia vieron en él  a un hombre que confiaba plenamente en Dios; que lo que hacía, lo hacía en relación con Dios y que si iba a un sitio lo hacía confiando en Dios, en la providencia y en el amparo de Dios y él experimentó su protección.
    Y eso es lo que transmite la Biblia. Datos históricos no tenemos, son narraciones por tradición de la familia de esa persona que marcó la vida religiosa de su clan, de su tribu y que ellos fueron transmitiendo esa forma de vivir religiosa del patriarca.
    La relación de Mambré ¿es monoteísta, es politeísta? No se sabe, después se interpreta. Nosotros la interpretamos como figura de la Trinidad ¿eran ángeles, fue Dios mismo? Pero tampoco importa, lo que importa es que él tiene una experiencia religiosa de Dios y él confía.
    Es más, hay algo que es ajeno, en la religión del padre, es el miedo hacia Dios. Esa concepción que es propia del mito, y de los mitos babilónicos concretamente, pues es clarísimo que  los dioses destruyen a la humanidad; en la religión del padre no, es la confianza lo que prima, no hay un miedo hacia Dios. En ese sentido, la religión del padre expresa perfectamente que lo original en el hombre no es el miedo, incluso a nivel humano. La relación con Israel no se basa en el miedo; otra cosa es el temor de Dios, eso es diferente.  El espíritu del temor de Dios es espíritu de reverencia, de veneración, pero no de miedo o pavor.
    En la religión del padre es la confianza, la cercanía. Esto también tiene que ver con que el Dios del padre no es, ante todo, un dios cósmico, un dios que se manifiesta en los fenómenos naturales, sino que es un dios, sobre todo, de los hombres, no de la naturaleza (aunque no quita que también lo sea). Pero esa dimensión tan fuerte que está presente en otras religiones y que vincula lo divino a los fenómenos naturales, de tal modo que dios manifiesta su fuerza y su poder a través del poderío de la naturaleza, en la religión del padre es, sobre todo, una religión “antropológica”.
    Otra característica de la religión del padre es la promesa. La promesa abre a la esperanza. La promesa habla de un estado hacia otro. Se concibe así una concepción lineal y ascendente del tiempo. El contenido de esta esperanza es doble: contenido de descendencia y contenido de la tierra. En concreto la descendencia habla de universalidad, habla de paternidad que va más allá de la paternidad física. El patriarcado de los patriarcas sobrepasa la realidad física y es un patriarcado religioso, Abraham sería el padre de la fe. Así para un cristiano también Abraham es nuestro padre en la fe.
    La otra promesa es la tierra, que va a tener su importancia en el post-exilio. Es en este momento cuando se va a desarrollar una teología sobre la tierra. Muchos en el post-exilio no vuelven a Jerusalén, sino que muchos se quedan o se van a otros lugares. Esto genera un conflicto en relación a la tierra. Los que no vuelven ¿que pasa con ellos? Se repiensa que, en verdad, Abraham es expropiado de su tierra por Dios. El pueblo judío había hecho de la tierra física un elemento religioso. Había reducido la promesa de Dios a una realidad natural. En verdad la tierra no es un elemento tangible, físico, sino que es un elemento religioso. El hecho de comprender para muchos judíos la dimensión religiosa de la tierra permitió que, la mayoría de ellos, después del destierro, permanecieran en donde estaban o se dirigían a otros lugares.
    Por concluir con los contenidos teológicos fundamentales del judaísmo en relación con la religión del padre, hablaremos de la dimensión universal de las promesas. Cuando en el Gn 12.3 se hace esta afirmación dirigida a Abraham: “en ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra”, se tiene en cuenta que dicha vocación tiene una misión en relación a todos los pueblos; es decir, que la bendición de Dios es para todos. Por tanto, el pueblo de Israel tergiversa su misma realidad teológica cuando se encierra en sí mismo, cuando produce un movimiento centrípeto, hacia dentro no hacia afuera, centrífugo, para abarcar a todos.
    Consideramos el drama del pueblo judío a lo largo de todos estos elementos y también de la incomprensión del resto de los pueblos frente a Israel. El antisemitismo, una de sus raíces principales es la conciencia del pueblo de Israel de ser elegido y como esta elección marca una diferencia respecto de los demás pueblos, él es el pueblo de Dios.
   Ahora bien, no debiera ser así, si el pueblo de Israel asumiera la dimensión universal que tiene su propia realidad teológica teniendo en cuenta que es bendición para todas las naciones.
   Esto lo entendemos bien desde el cristianismo, porque una de las cosas más claras del mensaje y la vida de Jesucristo es esa apertura a todos los pueblos; la universalidad de la misión del pueblo de Israel, queda realizada en el judío Jesucristo.
   Por lo tanto la misión universal es otra característica que está  presente ya en la religión del padre.
   Es un Dios que se dirige al hombre y se presenta en la historia del hombre. Da vida al hombre, cuida la descendencia, ya vimos que abre al hombre hacia el futuro.
   Es una religión del don. Esto también es fundamental, porque ahí está la gran conexión entre el judaísmo y cristianismo cuando no se tergiversa el judaísmo; claro está, como también sucede con el cristianismo cuando no se manipula. Es que la promesa de Dios no es alcanzable desde el hombre sino que es un don.
   Que es don de Dios en relación con el hijo queda claro, porque Sara es estéril, no puede desde sí misma procrear, no puede. Eso que Dios ha dicho que va a acontecer no lo puede realizar por ella misma.
   Y la tierra lo mismo, ya se ha visto: “ponte en camino hacia…”  El “hacia” indica una intencionalidad y toda intencionalidad tiene un objeto concreto y, en cambio, aquí no la hay; no hay el objeto concreto, “ponte en camino hacia…”. La tierra tampoco es alcanzable desde el hombre mismo. Por eso no se refiere lógicamente a una tierra que es conquistable humanamente.
   Otro elemento fundamental en la religión del padre es el papel de la mujer en relación a la promesa del hijo. ¿Por qué?, porque ciertamente la promesa del hijo es una experiencia religiosa característica femenina. ¿En quién acontece, en quien se realiza la promesa del hijo? Únicamente, en la mujer.
   ¿Esto tiene importancia en relación al cristianismo? Claro que la tiene. Incluso en relación con la protohistoria del pueblo de Israel. En Génesis, Eva y la promesa de la descendencia ¿a quién se la hace? “Uno de tu linaje aplastará…”. A Abraham se le promete un hijo, un descendiente, pero a Eva también y la descendencia viene de la mujer.
   Esta dimensión femenina que está tanto en la historia de los patriarcas como en la protohistoria, en el Génesis, se conecta con el cristianismo, con María, la judía que da luz a Jesús, y también  con la dimensión de la Iglesia.
   Pero, ¿quién va a dar a luz esta descendencia más innumerable que las estrellas? ¿Quién es la madre que engendra? La Iglesia, que tiene su concreción, su tipo, y su figura perfecta, en María. Es la dimensión femenina.
    H v. Balthasar dice, tal vez nos choque la expresión: “sin esta dimensión femenina el cristianismo sería una religión homosexual”. Hay que entenderlo; pero sí, es cierto, en el ámbito tanto judío como cristiano la sexualidad no quedaba al margen, sino que entra dentro de las dimensiones esenciales de la vida religiosa. Cuando dice: ¡Eh ahí al varón! Es Cristo. La mujer no; no se habla de una forma asexuada, no, sino que el papel, tanto del varón como de la mujer en lo que les es propio, entran dentro de la vida religiosa y también de la esencia. Lo masculino y lo femenino forman parte tanto del judaísmo, como del cristianismo.
    La promesa se realiza por un don. Se ha dado al pueblo de Israel una misión y por medio de esta misión las naciones son bendecidas. El papel que realiza el hombre, tanto varón como mujer, es un papel misional que pertenece a la misión religiosa; por eso podemos decir que en la religión del padre es fundamental la figura femenina, y fijaros que tanto es así que, a lo largo de toda la historia del pueblo de Israel, se nos relata que la mayor frustración de la mujer era ser estéril, porque, entonces, no participaba de esto, del alumbramiento de la descendencia prometida.
    También está la dimensión de alianza. La alianza de Dios con Abraham que va a tener el signo de la circuncisión. Históricamente no se sabe en qué medida era una señal tribal o religiosa. No lo sabemos.
    Se daba en el grupo de Abraham bien, pero ¿hasta qué punto tenía un significado religioso?, se desconoce. Después sí será asumida por el yavismo. No se descarta que tuviese significación de iniciación, o en la vida madura, en la vida social, o un elemento de identificación o pertenencia a una familia, pero ciertamente es posible que tuviera también un carácter religioso, pero se desconoce.
    Lo que  no hay en la religión del padre, es una dimensión política como va a adquirir después; tampoco una institucionalidad cultual;  no hay sacerdotes, ni se tiene noticias de que hubiese un lugar que haya sido centro de una dimensión sociopolítica o incluso socio-militar que después va a adquirir en el judaísmo la religión.
 
4.     SAL DE TU TIERRA

Lectura: Gn 12, 1-4.
    Yahvé dijo a Abram: “vete de tu tierra…” Cuando Dios interviene en la vida humana, dice: “Sal de tu tierra, vete a la tierra que yo te indicaré”. Empieza una aventura interminable: sal de tus costumbres, de tu mentalidad. Dios se nos muestra como el futuro. Dios es el futuro.
   “Yo haré de ti un gran pueblo…”: Hay una personalización. Dios nos hace pueblo porque no somos personas más que en el tejido social. Dios se construye un pueblo formado de personas individuales.
    Y después viene la bendición (Gn 12,3).
    Ponerse en contacto con Dios es salir en primer lugar. “Vete” indica movimiento. Un movimiento trascendente que tendremos que ir realizando junto con Él, pues no nos ha dicho hacia donde. No es una tierra física. Dios va a ir haciendo un cuadro de punto de cruz contigo. Mientras lo va haciendo, tú sólo vas a ver la parte de atrás de la tela; sólo al final de tu vida, ya en el cielo, verás la obra por el otro lado.
    Abrahán se llamará Abrahán. Dios le cambió el nombre al darle la misión (Gn 17,5). Es recreado; vuelve a salir de las manos de Dios. Tú tienes nombre y Dios te lo va a cambiar. Te tienes que enterar de tu nombre para saber cuál es tu misión. ¿Dios ya te ha dicho tu nombre? Pregúntaselo.
    Abraham sale a los 75 años de Jarán. Dios le promete a Abraham un pueblo y una tierra. La biblia va a ser un tratado de geopolítica. Todo va a girar en torno a la tierra y, en ese giro, Dios se va a ir revelando de tal forma que para el que quiera oír va a ir descubriendo que la tierra es Él, Dios; en concreto Jesucristo.

5.     HOSPITALIDAD

 Lectura Génesis 18, 1-15.

A los 99 años, Abraham se encuentra con Dios y le hace otra promesa. Le concede un hijo a los 100 años. 
De este texto se pueden decir varias cosas, pero nos vamos a centrar en la hospitalidad de Abrahan con estos tres hombres. No vamos a entrar en aspectos tales como si estos tres hombres son, en verdad, una figura de la Trinidad o de si el pueblo de Dios no viene de la sangre sino de la promesa.
   ¿Cuándo se manifiesta la gracia de Dios en este texto? Pues después de la hospitalidad que manifiesta Abraham con estos tres hombres. La hospitalidad es un caldo de cultivo de gracia.
   Uno de los enemigos de un matrimonio es el de no practicar la hospitalidad. El matrimonio tiene varios enemigos: la no comunicación, el no respetar la libertad individual, y también este último, el de no socialización. El matrimonio tiene que estar abierto a la socialización, porque gran parte del alimento que va a necesitar viene de la sabiduría de otros matrimonios o de otras personas. Si el matrimonio se encierra en sí mismo, pues simplemente se muere; como se muere si no hay escucha del uno para con el otro, como si no se comunican sentimientos interiores del uno para el otro, o si no se respeta la libertad personal que todo ser humano tiene.
   La calidad de la socialización está en la diversidad; es decir, el alimento que reciben los dos será cuanto más rico, cuanto de más diversos roles, profesiones o condiciones humanas se muestren en la socialización de dicho matrimonio.
   La corriente filosófica de la fenomenología afirma que la ciencia nace en las relaciones personales.   
   En ellas surge un conocimiento objetivo y universal. Y este conocimiento no mana de tus reflexiones aisladamente sino en comunión con el otro. Aparte de este conocimiento natural tenemos, como en el ejemplo que hemos leído, que Dios se manifiesta y se revela precisamente en la hospitalidad. Donde dos o más estén reunidos en mi nombre allí estoy yo.

6.     SACRIFICIOS

Lectura Génesis 22.
    “Dios puso a prueba a Abraham…” Pero él no sabe que ha sido puesto a prueba. Sale victorioso, pero sin saberlo.
     Al principio del relato, Dios parece querer la muerte y, al final, salva la vida. El relato no pretende transformar nuestra imagen de Dios. ¿Qué haríamos nosotros en una situación así?
     El relato se titula “Sacrificio de Isaac”, pero, realmente, ¿es así? ¿O no será correcto “Sacrificio de Abraham?
    Holocausto es un sacrificio en el que la vida se consume totalmente; es decir, es una entrega total. Dios le pide a Abraham una entrega total del hijo. El camino de Abraham es camino de fe; por eso es el padre de los creyentes.
    La fe es como cuando suena el teléfono y te dicen: Te llaman. Y te pones a caminar sobre una palabra que no has verificado. Aquí la apuesta es de toda nuestra vida. En el caso de Abraham es de toda su descendencia: su hijo ya era adolescente; es decir, ya está segura su descendencia.
    ¿Es Dios caprichoso, ambicioso? ¿O nos está enseñando a vivir, nos está enseñando que todo es relativo y que sólo Él es absoluto?
    La fe de Abraham después es una fe de confianza (me agarro a algo firme para no caerme). La fe es arriesgarse a caminar; la confianza es, “como no me has defraudado, confío”.
Abraham confía en que Dios proveerá al futuro y ahora tiene que renunciar al mismo. Así obra Dios en nuestras vidas. Lo que agrada más a Dios, ¿son las penitencias o que nuestro corazón se entregue a Él?
    Fijémonos también en qué animales se sacrifican. Los nombres adquieren un significado muy importante. ¿Cuál es el animal para el sacrificio? Gn 22,7: “¿donde está el cordero para el sacrificio?”. Gn 22,13, “…tomó el carnero y lo sacrificó en holocausto”. El carnero es el animal padre y el cordero el hijo. El que se sacrifica es el padre; la pasión es del Padre.
    Cristo es el cordero Pascual. En el judaísmo se acuerdan de Isaac como “el que fue atado”; a Jesús, en su pasión, lo ataron. Isaac es el modelo de mártir. El cristianismo presenta a Jesús como el nuevo Isaac. No hay fe sin entrega total.

7.     HISTORIA DE LIBERACIÓN DE JACOB

 Lecturas: 1º Gn 29,15-30, 2º Gn 30,25-34 y 3º Gn 31, 1-18.

    Al leer el primer texto nos surge una pregunta ¿por qué Labán engaña a Jacob? En el segundo texto descubrimos que le engaña porque quiere retenerlo, pues Labán sabe que él es bendecido por causa de Jacob.
   ¿Nosotros en nuestro trabajo somos bendición para quien trabajamos o servimos? ¿Damos testimonio de Cristo con nuestro buen trabajo?

“Sabes cuánto te he servido y cómo le ha ido conmigo a tu ganado. Lo poco que tenías antes ha crecido inmensamente, porque el Señor te ha bendecido por mi causa; es hora de que haga algo también por mi familia”.

    Llega un momento en tu vida en el que dices: “es hora de que haga algo por mi familia”. No has dejado de trabajar para otros, de entregarte y, lo has hecho, porque seguro que no te ha quedado más remedio, ya que al principio no tienes ni un chavo. Pero quien dice trabajo dice otras cosas; no decepcionar a  Dios (al concepto de Dios que te han inculcado); no decepcionar a tus padres, a la Iglesia, a tus profesores, etc… Pero el corazón humano está ahí, y te dice lo que Zubiri, nuestro filósofo español, que “el amor humano es la unidad de dos amores con dos fines distintos, el amor ágape y el amor eros”. El amor ágape es el amor que se dona a Dios y a otros hombres. El amor eros es el amor a sí mismo. El amor eros nos empuja a trabajar en lo que realmente somos.

    Tengo una amiga de trabajo que, comiendo con ella, me dijo que no sabe cómo lo va hacer pero que ahora tiene que vivir para ella. Es una chica que exclama lo que Jacob afirma: “es hora de que haga algo también por mi familia”.

   En verdad, no es que sólo ahora te dediques a ti, sino que tu ágape estaba muy arriba y necesita ser equilibrado con tu eros. Es la unidad entre los dos amores lo que nos da el equilibrio.

   Si sólo pensamos en nosotros nos volvemos egoístas y eso nos encierra en sí mismos y es nuestra perdición. Si sólo pensamos en los demás, y no nos queremos, descubrirás que las otras personas no te corresponderán de la misma manera y vivirás frustrada. Hay que buscar el equilibrio.

8.     HISTORIA DE JOSÉ

      Lectura recomendada Gn 37-50.  Ésta es una historia de perdón y de aspirar a cosas elevadas. José, el protagonista, llega a ser ministro del faraón. Hay que llegar a puestos elevados, pero mientras se aspira a ello hay que ir haciendo las cosas que te tocan bien. Si quieres hacer las cosas grandes bien, hay que hacer las pequeñas también bien.