La monarquía de Israel


1.     LA MONARQUÍA DE ISRAEL

     

            La era monárquica corresponde al asentamiento de Israel en Canaán y con la mancomunidad de las distintas tribus judías. Las tribus, aunque tenían una cierta relación entre ellas, desde el punto de vista social, organizativo, cada una vivía por su cuenta. Es, en este momento, cuando progresivamente se organizan para crear una sociedad civil.

            Entre los siglos XV y XIII a.C.,  Palestina era un conjunto de ciudades-estado con un régimen político monárquico. Todas esas monarquías estaban bajo la soberanía del faraón de Egipto. Sin embargo, cuando se produce el asentamiento de Israel en Canaán, esta situación cambia porque el poder egipcio, sobre el territorio, había disminuido mucho. Es más, los invasores, que eran los filisteos, dominaban casi todo el territorio.

            Las invasiones filisteas produjeron un cambio en la configuración social de Palestina. Debido a los ataques continuos de los filisteos a las ciudades, muchos cananeos lo que hicieron fue trasladarse a las montañas y constituir asentamientos rurales. Por lo tanto, se pasó de una estructura burguesa a una estructura rural. Se produce un fenómeno de des-urbanización.

                        Es en este contexto cuando se produce la entrada de las tribus hebreas en la tierra de Canaán.

            La tribu del grupo de Moisés y Josué que, según la Biblia, es el grupo que recibió la tradición, la revelación de Dios en el Sinaí y el grupo que vivió el éxodo, se encuentra con otras tribus también hebreas que ya estaban asentadas en Canaán.

            Es en la asamblea de Siquém en donde se constituye el primer pacto entre las tribus. En este pacto el grupo de Moisés, Josué ofrece la fe yahvista como elemento unificador; por tanto, presentan a Yahvé como el Dios de los padres, el Dios de todas las tribus y es, en este momento, cuando se produce la unificación religiosa de las tribus hebreas.

            Junto a esa unificación religiosa, se va a producir también una unificación militar. Cuando Israel se asienta en Canaán ¿Qué experimenta? Experimenta que los demás pueblos tienen rey; uno que hace de cabeza del pueblo, que legisla, que dirige el ejército, que manda al fin y al cabo.

            Israel,  una vez que se asienta en Canaán ¿qué pide? En Jueces 8,22 se nos narra cómo los israelitas (y aquí no olvidemos que el israelita es el que tiene a Dios como rey, como gobernante), le piden a Gedeón que sea su rey, su jefe. ¿Qué les contesta Gedeón? “Los israelitas dijeron a Gedeón tú serás nuestro jefe, y después tu hijo y tu nieto,  porque nos has salvado de los madianitas. (Responde Gedeón) Ni yo, ni mi hijo, seremos vuestros jefes, vuestro jefe será el Señor”. Fijaos; lo que Gedeón está haciendo es ser fiel a toda la tradición yahvista que nace de la Alianza: “Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”.

Israel sólo ha tenido como cabeza del pueblo a Dios. Ciertamente Dios necesita para gobernar al pueblo por medio de mediaciones; en el caso del éxodo a Moisés y en la entrada a la tierra prometida a Josué. Pero todos son causas segundas para gobernar, ninguno era el jefe.

            ¿Qué sucede? ¿Por qué la petición de un monarca? Sobre todo por cuestión militar. Es decir, Israel en ese momento guerrea contra los filisteos, necesita una organización, una cabeza militar, pero también necesitan una organización social. No pueden seguir funcionando como tribus autónomas, que sí se juntan para unas cosas y se separan para otras. Entonces se va produciendo un proceso de mancomunidad entre las tribus y llega un momento en el que piden tener un rey. Fracasan con Gedeón, pero siguen pidiendo el rey.

            Tanto insisten al profeta que la respuesta de Dios es: “Les daré un rey”. Pero ¿qué sucederá con el rey?  El rey cogerá a vuestros  hijos para su ejército, se apropiará de vuestros bienes, mujeres, patrimonio, etc. Aún así dicen: ¡queremos rey!  Y rey tuvieron.

            El resultado es una especie de confederación de las tribus pero sólo a efectos militares. Es decir, cada tribu mantiene su estructura tribal; hay un cabeza, el patriarca sigue siendo el que organiza y legisla pero, sin embargo, ante el problema filisteo de tener que auto-defenderse hay un pacto, una unificación.

            Esa unificación era de tal modo que cuando una tribu era atacada salían las otras a defenderla y para ello nombraban un jefe militar. Saúl, realmente no fue un rey en el sentido como lo va a ser después David y Salomón. La función de Saúl era la de ser cabeza del ejército, pero nada más.

            La unificación total de Israel como monarquía no estaba aún constituida, aunque se va a ir produciendo poco a poco, tanto a nivel económico como a nivel jurídico. Es decir, progresivamente se producirá una fusión sociopolítica.

            Hasta entonces, no había ninguna institución política o jurídica, sino que siguiendo un poco la tradición de Moisés, eran los ancianos del pueblo los que administraban la justicia, pero siempre como justicia proveniente de Dios;  ellos simplemente la aplicaban,  no la constituían; es decir, el Derecho lo constituye Dios, es el legislador. Eso es importante porque será una de las cosas que va a cambiar en la era monárquica. Israel tiene conciencia de que Dios es quien da la Ley y por tanto la ley procede únicamente de Dios. Dios con su providencia es quien gobierna al pueblo.

            De hecho el nombre de  ISRAEL es realmente ISRA’EL. ‘EL’ es Dios en la lengua semítica. Todas las palabras terminadas en “el”  hacen referencia a Dios (Betel, ….). Entonces, Israel es “Dios gobierna” “Dios reina”; es decir que Israel es el pueblo que Dios dirige, que tiene a Dios como legislador, por la tanto la instancia suprema para Israel es únicamente Dios.

            Moisés, los ancianos y los jueces, solamente tienen autoridad como los que aplican la Ley: en caso de los jueces, el Derecho de Dios; en el caso de Moisés dirige al pueblo según el querer de Dios, de hecho Moisés pregunta: ¿Qué hago, Señor? Moisés no dirigía al pueblo desde su propia voluntad.

2.     UNIFICACIÓN RELIGIOSA EN EL REINADO DE SAÚL.



            En este período lo más importante que sucede es pues esa unificación religiosa de las tribus de Israel de la que hemos hablado y el encuentro con las religiones de los cananeos. Este encuentro permitirá desarrollar aspectos teológicos que van a profundizar el yahvismo primitivo.

            Uno de esos aspectos va a ser toda la doctrina iconoclasta en reacción a los ídolos cananeos. Los cananeos tenían representaciones de dios que las utilizaban en los rituales. Al final, sobre estas representaciones pesaba la idea de que, como se tiene  la representación de dios, se tiene a dios y, por tanto, dios es algo “manipulable y dominable”. ¿Y cómo se manipula a dios? A través de la magia. A través de los ritos mágicos el hombre puede conducir, determinar la voluntad de dios.

            Frente a esto, para destacar la absoluta trascendencia de Dios, el que Dios es totalmente otro, que no cabe dominar a Dios y que Dios es libre, que es el Señor de la creación y del hombre y no el hombre el Señor de Dios, el yahvismo del asentamiento va a desarrollar toda esa doctrina iconoclasta. Dios está en todas partes. Dios no puede quedar fijado. Esto conllevará a otro problema, el del templo.

Las tribus hebreas no rechazaban los santuarios cananeos, que por otra parte se encontraban en las ciudades. Israel va a hacer sus santuarios no en las ciudades sino en las montañas. Estos santuarios no eran más que altares, simples estelas. Aquí va a arrancar una de las diferencias del reino del norte y del sur. El sur va a adoptar como santuario el templo, en cambio todo el norte, lo que en tiempos de Jesús eran los samaritanos, seguirán teniendo estos santuarios rurales montañosos; por eso los samaritanos daban culto en distintos sitios y los del sur únicamente en el Templo.

            Otra diferencia o choque con la religión cananea, era la concepción sexuada de los dioses; es decir, Dios en su elemento masculino y en su elemento femenino. Todo el panteón y culto cananeo, era un culto de fecundidad. Baal es, por ejemplo, el dios de las montañas. Dios fecunda la tierra, que en ese sentido es la diosa madre, con la lluvia.

            Toda esta concepción  sexuada de la divinidad hacía que el culto cananeo fuera sobre todo un culto sexual; se ejercía la prostitución cultural. Los hombres se unían en el culto a las prostitutas sagradas, de tal modo que en el culto se imitaba la fusión del elemento masculino y femenino de la divinidad, por lo tanto se participaba en la fecundidad de la divinidad.  Todo esto rompe con el yahvismo, aunque lo hace en parte, pues tenemos ejemplos de rituales parecidos a los cananeos en el AT.

            El yahvismo ciertamente va a asumir ciertas características de la religión cananea. Como por ejemplo, que Dios es Dios de la Naturaleza, del Cosmos, es  creador. Pero, sin embargo, va a producirse un proceso de desmitificación, va a depurar toda esa dimensión antropomórfica que se contenía en la religión cananea. Y todos los rituales cananeos que existían en torno a la fecundidad de la tierra a la que iban ligados, de ámbito sexual, el yahvismo los va a transformar en fiestas agrícolas de acción de gracias a Dios, en donde se reconoce a Dios como fuente de todos los bienes y, a la vez, se reconoce que la fecundidad de la tierra viene de él. Es entonces cuando se implanta la fiesta de las Tiendas, de los Tabernáculos, que es una fiesta agrícola y que justamente se realiza en el momento de la cosecha. Es más, es la fiesta principal del año para contrarrestar las fiestas religiosas de los cananeos.

            La fiesta de los Tabernáculos es una fiesta de acción de gracias a Dios por los bienes de la tierra y se vinculó al Éxodo. Todos los bienes de la tierra que el hombre recibe de ella son frutos de Dios en último término, pues es Dios quien da continuidad a las cosechas; es Dios quien hace fecundar la tierra; por lo tanto, aunque los bienes vienen de la tierra hay que agradecérselo a Dios y son signos de la providencia divina.

            El pueblo de Israel vinculó también a esta fiesta el recuerdo del éxodo para darle más relevancia a este carácter providente del Dios que cuida y, sobre todo, para poner de relieve el carácter efímero de los bienes de la tierra. Es decir, el hombre aunque obtiene dones de la tierra, éstos son dones de Dios y por lo tanto no se debe poner su confianza en ellos.

            El Éxodo recuerda precisamente eso, que sin bienes de la tierra pudieron llegar a la tierra prometida porque la providencia de Dios cuidó de ellos.

La fiesta de los Tabernáculos es de origen cananeo, luego pasa a ser fiesta judía, y cuando se une a la experiencia del éxodo se llamará fiesta de las Tiendas. Se vincula al éxodo para significar esa vivencia del carácter nómada, que el pueblo de Israel, aunque estaba ya plantado en una tierra, seguía teniendo.

            La tierra no es la que da vida al hombre, sino que la vida procede de Dios. Esa conciencia de que dependemos de Dios está totalmente arraigada en el pueblo de Israel, y esta fiesta de las Tiendas quiere significar eso.

            El culto a Yahvé, en el momento del asentamiento en Canaán, se caracteriza por tener templos, o aras en los altozanos, en las montañas y se erigían en lugares en donde Dios se había hecho presente de alguna forma especial. Se diferencia de los cananeos porque su culto estaba en las ciudades.