El pueblo de la Alianza

1.     EL YAVISMO O LA RELIGIÓN DE MOISES
     
      En esta etapa que precede a la monárquica, que va desde el asentamiento en Egipto con José hasta la salida del éxodo, los contenidos teológicos fundamentales son:

      - El nombre de Dios. La revelación por parte de Dios de su nombre Yahvé. Fijaros; no sé si fue Jacob quien le pidió a Dios que le manifestara su nombre y no se lo dijo (Gn 32,29); en cambió va a ser a Moisés a quien se lo revelará.

      - La alianza del Sinaí.  Tiene dos elementos fundamentales: La constitución de Israel como pueblo de Dios, en relación al nombre de Dios, como se desprende en Oseas. Y la Ley, la Torá, el Decálogo.

      Esta Alianza del Sinaí, va precedida por otro elemento que, teológicamente, va a ser fundamental: la salida, la liberación y el éxodo. El que va a ser pueblo de Dios, antes de su constitución como tal pueblo, va a ser liberado de la esclavitud. Liberación y salvación del pueblo son obras de Dios a favor de Israel.

      Este periodo concluye, como elemento teológico, con la entrada y posesión de la tierra. Es el que más refundiciones teológicas va a tener; las seis tradiciones: yavista, elohista, sacerdotal, deuteronomista, tardoduetero-nomista, tardo sacerdotal.

      Otra característica fundamental del yahvismo es que se revela Dios como un dios guerrero que combate a favor de su pueblo; lo protege de sus enemigos y lo capacita para conquistar su tierra.  Esto no niega que Dios siga ejerciendo su acción protectora, providente como lo hacía con los patriarcas, pero adquiere este carácter de un Dios guerrero que lucha con su pueblo. Recordad  la escena de Moisés en la montaña con los brazos en alto. Es un aspecto que no estaba antes en el período anterior, del dios de los padres.

      Otro carácter que también adquiere Dios en el yahvismo, en la relación de Dios con otros pueblos, es el carácter de un dios cósmico, un dios de la naturaleza. Es decir, es en el yahvismo cuando se vincula a Dios con el origen y el gobierno del mundo.

      Esto ciertamente tiene mucho que ver con los dioses cananeos, porque los éstos eran dioses de la naturaleza, que regían los ciclos cósmicos, de la vegetación y de la fecundidad.

      Esas prerrogativas de los dioses cananeos, Israel las asume  para su dios. Es más, las asume críticamente y les da una nueva interpretación. Pero Dios pasa a ser el dios del mundo, del cosmos, de todo lo creado.

      También en este momento Dios es rodeado de una corte divina formada por los bene elohim, acompañantes de dios, otras divinidades; como sabemos, Israel no fue monoteísta desde el principio, más bien era un henoteísmo. Dios es el Dios supremo pero puede haber otros dioses inferiores.

      Esos acompañantes de Dios, más tarde, en la evolución teológica y de la comprensión de Dios por parte del pueblo de Israel, se van a identificar con los ángeles pero, en principio no; eran una categoría divina pero siempre en rango inferior a Yahvé.

      Otra característica -centrándonos ya en el pueblo de Israel-, es con el yahvismo cuando Israel adquiere conciencia de ser el pueblo de Dios. La liberación, la alianza, el don del Decálogo, hacen que Israel adquiera la conciencia de pueblo elegido, segregado, separado por Dios de los otros pueblos en razón de la llamada de Él. Esto no conlleva exclusivismo, o chauvinismo religioso. La elección era para una misión, ser luz para los demás pueblos, segregado sí, pero para ser misionado a favor de todos los demás.

      La elección de Israel -por lo menos en este momento-, no suponía la conciencia de una cualidad especial de pueblo, en cuanto pueblo; no era una conciencia de superioridad con respecto a los demás pueblos, pero sí era la conciencia de una obligación especial, distinta, que era corresponder a Dios, observando el contenido de la Alianza.

      Existe otro punto fundamental que ya hemos citado en el Éxodo. Como sabéis en la Biblia hay dos narraciones de la salida de Israel a través del Mar Rojo. Dos relatos que son distintos y compatibles entre ellos. Lo importante del relato del éxodo es la experiencia de una liberación que el propio pueblo de Israel no podía realizar por él mismo, frente a un poder político y militar tan amplio como era el del Faraón. El caso es que, fuere como fuere, un grupo de israelitas, no se sabe cuántos, salieron de Egipto. También es posible que la salida no fuera una sola, sino que se hiciera en varios momentos.

      En realidad no debieron ser tantos como se dice pues, desde José hasta la salida, transcurren cuatro generaciones y, los que llegaron en un principio, la familia de Jacob, eran unas setenta personas. En cuatro generaciones no puede dar como resultado la cifra que ofrece la Biblia. En realidad, lo que pretenden los textos sagrados es dar importancia a la acción de Dios y, cuanto más número, más poderosa es esa acción. En los textos egipcios que se conservan, ninguno señala este acontecimiento. Ni  siquiera en Ramsés II (época de la salida de los hebreos de Egipto). En los anales egipcios no se narra ninguna catástrofe militar de esa envergadura, la que tuvo lugar en el Mar Rojo.  De haber sido así se habría recogido en esos anales.

      Por lo tanto, lo que sucedió históricamente no se sabe. Es posible que tras José saliese una cuadrilla de soldados; sin embargo, lo que sucede es que la experiencia es de liberación; es decir, lo que a ellos le resultaba algo imposible, sucede y sucede dentro de la relación religiosa con Yahvé.

      En ese sentido su salida es interpretada, sin duda alguna, como acción de Dios a favor de ellos. Es más, no sabemos cómo Dios actuó en su favor en ese momento. Lo que a nosotros nos interesa es recoger ese momento de liberación de salvación que se produce como experiencia religiosa en el éxodo.

2.     ESTUDIO DE UN TEXTO, ÉXODO 3, 1-10
 
1.      Re-escribir el texto: Primero nos topamos con el texto escrito; lo volvemos a escribir a mano o a máquina. Nos fijamos en las repeticiones, que son una forma de llamar la atención.


Moisés pastoreaba el rebaño de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián.

Trashumando por el desierto llegó al Horeb, el monte de Dios,

            y allí se le apareció                         un Ángel del Señor,

            como una llama                   que ardía en medio de una zarza.

            Al fijarse,

            vio que la zarza                   estaba ardiendo pero no se consumía.

            Entonces Moisés se dijo:

            “Voy acercarme

            para contemplar                  esta maravillosa visión,

            y ver por qué                        no se consume la zarza”.

Cuando el Señor vio que se acercaba para mirar, le llamó desde la zarza:

            -¡Moisés! ¡Moisés!

Él le respondió:

            -Aquí estoy.

-Quítate las sandalias,        porque el lugar que pisas es sagrado.

Y añadió:

            -YO SOY EL DIOS DE TU PADRE,

            EL DIOS DE ABRAHÁN, EL DIOS DE ISAAC Y EL DIOS DE JACOB.

Moisés se cubrió el rostro porque temía mirar a Dios.

El Señor siguió diciendo:

            “-He visto                             la aflicción de mi pueblo en Egipto,

            He oído                                 el clamor que le arrancan sus opresores

            y conozco                             sus angustias.

            VOY A BAJAR PARA LIBRARLO DEL PODER DE LOS EGIPCIOS.

Lo sacaré de este país y lo llevaré a una tierra nueva y espaciosa,

a una tierra que mana leche y miel,

a la tierra de los cananeos, hititas, amorreos, pereceos, jeveos y jebuseos.

Ha llegado hasta mí               el clamor de los israelitas.

He visto también                    la opresión a que los egipcios los someten.

VE PUES; YO TE ENVÍO AL FARAÓN PARA QUE SAQUES DE EGIPTO A MI PUEBLO, A LOS ISRAELITAS”.


2.      Describir el texto, desmenuzarlo. Analizar quién es el sujeto, la acción, los complementos o contenidos.

      El primer sujeto es Moisés. ¿Qué hace Moisés? Pastoreaba -se dijo-, se cubrió el rostro…

      Los complementos son: “un Ángel del Señor”, “que ardía en medio de una zarza”, “que la zarza estaba ardiendo pero no se consumía…”.

      El segundo sujeto que aparece es Dios. Dios se aparece, habla …

3.      Inscribir el texto: Hay un triple contexto entretejido: histórico (en el 1250 se produce la liberación del pueblo); literario (es el segundo libro de la enseñanza de Dios) y teológico (es el acta fundacional).

4.      Transcribir el texto: interpretar el texto existencialmente.

Comentarios

            En el primer versículo se nos narra que Moisés es pastor y que está haciendo la función que debe realizar como pastor. Está estacionado en un sitio fijo. En el segundo versículo hay un cambio de verbo, ya no es pastorear, sino trashumar; es decir, deja lo que hace todos los días, lo rutinario y se desplaza a otro lugar. En hebreo la palabra “trashumar” es ir más allá del desierto, cruzar los límites, hacer una cosa loca. En nuestra vida nos pasa lo mismo que a Moisés que, a veces, nos encontramos con situaciones límite que nos hacen ir más allá del desierto. Allí, en el Monte Horeb, se encuentra con un ángel mensajero. Se emplea aquí la palabra “ángel” para ocultar el nombre de Dios. Éste es innombrable, inefable y por esta razón se utilizan estas expresiones de cortesía. Pero, en definitiva, es el Señor el que se presenta. Y se presenta en forma de llama que arde en medio de una zarza. Dios arde. Si Dios no arde en nuestros corazones, entonces no es Dios. Moisés se fija y ve que la zarza está ardiendo pero que no se consume y, por tanto, le produce una anomalía (más adelante veremos qué es la zarza). Moisés se dice: “voy acercarme para contemplar esta maravillosa visión y ver por qué no se consume la zarza”; es decir, resolver la crisis, la anomalía.

            Cuando la Biblia habla de una visión no habla de espejismo. El espejismo es un sueño, y sueñan  los que quieren hacerse un mundo mejor. El espejismo es la imagen de lo que uno quiere, independientemente de la realidad que uno vive. En cambio, los que tienen visiones son la gente que tienen la mente clara y quieren abrir el futuro.

            Cuando Moisés se acerca, el Señor le llama desde la zarza. La zarza es algo vulgar, se consume pronto. Dios llama desde lo vulgar, desde lo corriente, desde los acontecimientos, desde lo que se consume. Y se produce la revelación: “Yo soy el Dios de tu Padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”; es decir, Dios se presenta. Después de la presentación, vienen unos versículos en el que Dios es quien realiza unas acciones y, el objeto de esas acciones, es “la aflicción y el clamor de mi pueblo”. Y se repite la misma historia: acciones y objeto. A los israelitas les gusta jugar con el paralelismo; es decir, repetir las cosas para recordarlas bien.

            “He visto                    la aflicción de mi pueblo en Egipto

            he visto                       el clamor que le arrancan sus opresores

            y conozco                  sus angustias

            ha llegado hasta mí     el clamor de los israelitas

            he visto también         la opresión a que los egipcios los someten”.

           

            Dentro de estas acciones y el objeto también dice Dios: “Voy a bajar para librarlo del poder de los Egipcios”; es decir, Dios es Señor, la obra es de Dios, “Voy a bajar…”. Pero cuidado, en el versículo diez dice: “Ve pues yo te envío al faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”. Es decir, aunque la obra sea de Dios, quien la debe de realizar somos nosotros. Esto es lo que se llama cambio de paradigmas “mis caminos no son vuestros caminos”. En resumen tenemos que:

            1º Dios se presenta.

            2º La Obra es de Dios.

            3º La realiza el hombre, es decir, tú y yo.

            ¿Se parecen estos pasos a la experiencia de salvación en tu vida?

            Por último, preguntémonos por fin; ¿Qué es la zarza?

            Moisés ----  se fija (dirige su atención)  ----  en la zarza

            Dios     ----  ve                                         ---- el pueblo

            Luego la zarza es el pueblo. El pueblo está ardiendo y no se consume; es decir, el pueblo tiene angustia, clama, está oprimido, pero no se consume, lo sostiene Dios.

            Conclusión: Moisés descubre la liberación del pueblo como mandamiento de Dios.

3.     DE LA DEPENDENCIA A LA LIBERTAD

             El Éxodo es el libro fundamental de Israel; es la experiencia fundante del pueblo de Israél. Sin Éxodo no hay pueblo.

            Ex. 1,1: “Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia…”. El primer personaje son las personas, el pueblo. En Egipto, hablamos de tribus. Antes del Éxodo, no eran pueblo.

            La época de Abraham es hacia el 1850, mientras que el acontecimiento del pueblo de la Alianza se forja hacia el 1250 a 1220. Del 1700 al 1250 (4 siglos y medio), no tenemos noticias bíblicas. Por otras fuentes sabemos que hubo grupos semitas que estuvieron en Egipto y hubo un faraón, hacia el 1500, que expulsó a los extranjeros. Y hacia el 1250, se produce la huida de Egipto. Hay, por tanto, dos grandes migraciones.

            Dios se había constituido un pueblo por la explosión demográfica, pero hoy se lo constituye por la Alianza, por la revelación del nombre de Dios, por la experiencia de salvación.

            A lo largo del libro, hay un paradigma que se repite: la liberación. En los primeros 6 capítulos, se anuncia (hay como una subida). Del 6 al 11 hay una meseta. Del 12 al 16, se realiza la liberación. En resumen: anuncio, espera, realización.

            El libro del Éxodo es como un gozo que se repite y que abre dos hojas: el centro del libro, los capítulos 17 al 24, hablan de la Alianza, el encuentro con Dios y, después, viene la adoración, organización del culto que se demora por el episodio del becerro de oro y, se realiza cuando el culto se establece y se instala.

            Así pues, el éxodo consta de tres partes: liberación, encuentro y adoración.

            ¿Por qué tanta importancia a la adoración, al culto? Porque no es un culto exterior sino un recuerdo de la liberación. Para los hebreos, recordar es volver hacer presente el hecho. “A mí me ha liberado de Egipto”. Es la matriz espiritual de todo el pueblo. El pueblo se forma en la experiencia de ser liberado. Hoy el Señor también nos libera a nosotros.

            En 1962, Tomas Hunt define el término paradigma: “mentalidad compartida que se da por hecho”. Es como una prioridad existencial en nuestra vida; la sociedad nos programa.

            Por ejemplo: Ptolomeo define un paradigma. Todo gira en torno a la Tierra. Copérnico nota una anomalía que le hace crisis y da una nueva solución. Se va a imponer su visión y se hace voz común que la Tierra gira en torno al Sol. Hoy en día nadie se lo discute; es decir, se ha producido un nuevo paradigma.

            Así sucede en el Éxodo. Primero se produce un paradigma imperante, algo no funciona. Eso que no funciona crece y produce crisis. Tenemos que salir adelante construyendo una nueva teoría. En el camino, recibimos ayudas y oposiciones. ¡Por fin!, se produce un nacimiento: a problemas nuevos, soluciones nuevas. La nueva situación funciona, hay crecimiento. Posteriormente se le da un acta de ciudadanía.

            Veamos todas estas etapas más detenidamente:

0.     Paradigma imperante (cap 1)

LOS ISRAELITAS SE VEN ESCLAVOS

      La Biblia caracteriza a grandes rasgos la condición infrahumana de los hebreos en Egipto:

·         Los dueños egipcios tienen miedo a un proletariado que, según ellos, crece en forma irresponsable (v.10 y 12).

·         Se les imponen duros trabajos para construir y para defender una sociedad que a ellos no los promueve ni les reconocen derechos (v. 11).

·         Se juntan explotación y opresión, trabajos inhumanos y represión policial, mediante los capataces egipcios (v.5, 6).

·         Al final, una autoridad extranjera les impone el control de los nacimientos en la forma más drástica (v.16).

1.     Crisis = anomalía percibida (cap 2)

“DURANTE ESTE LARGO PERÍODO MURIÓ EL REY DE EGÍPTO. EL PUEBLO DE ISRAEL SUFRÍA BAJO LA ESCLAVITUD. GRITABAN, Y SU CLAMOR SUBIÓ HASTA DIOS” (V.23).

2.     Concepción = nueva teoría (cap 3)

NUEVA TEORÍA: “Voy a bajar…”

NUEVA SOLUCIÓN: “Los voy a sacar… Ve, pues,…”

 (Aquí se produce el nacimiento de Israel)

3.     Gestación = ayudas y oposiciones (cap 4)

EJEMPLO DE AYUDA: AARÓN (HERMANO DE MOISÉS), DIOS

EJEMPLO DE OPOSICIÓN: EL FARAÓN, MOISÉS…

4.     Nacimiento = experiencia de vida nueva (cap 13-14-15)

EL PASO DEL MAR ROJO SUPONE EL NACIMIENTO DE UN NIÑO NUEVO. ANTE LA EXPERIENCIA DE SALVACIÓN SE CAEN TODOS LOS PARADIGMAS.

5.     Crecimiento = ¡funciona! (Siguientes capítulos)

·        Marcha por el desierto

·        El maná

·        El agua salida de la piedra

·        La victoria sobre Amelec

·        Llega Jetró, suegro de Moisés

·        Institución de los jueces

 
6.     Acta de ciudadanía = ¡alegría  + celebración! (19-20)

ALIANZA QUE HACE CON DIOS EL PUEBLO

EL DECÁLOGO

7.     Decadencia = juicio histórico ( cap 20-40)

CADA ETAPA NO LO DICE TODO

            Cuarenta años después, entran en la tierra prometida y la Biblia nos cuenta que entran como un ejército triunfante, que fueron tomando pueblo a pueblo. Pero, esto históricamente no es cierto. La conquista, en realidad, se hace poco a poco. El pueblo se hace sedentario y agricultor y, pacíficamente, va tomando terreno.


4.  LA PASCUA

      En relación con el acontecimiento del éxodo está justamente la fiesta de la Pascua, el Pessah que, injustamente, están viviendo los judíos ahora. La Pascua es la mayor fiesta judía; la celebran desde el 15 al 21 del mes de Nisán. El mes de Nisán, en el principio, era el primer mes del año. En Ex.12.2 se recoge esto, el dato del mes de Nisán como primer mes del año, pero eso se abandonó. Ahora dependiendo si es bisiesto o no, o es el séptimo o es el octavo mes; en definitiva, ahora está en medio.

      La fiesta de la Pascua se unió a la fiesta de los ázimos en tiempo de Josías, antes eran diferentes. El origen histórico de la fiesta se desconoce. Hay autores que dice que la fiesta de la Pascua ya se daba en Canaán y, por tanto, era una fiesta cananea que correspondía a la primavera. Una fiesta ligada a la agricultura y que el pueblo de Israel asumía con su entrada en la tierra de la promesa, después de la liberación de Egipto. (Pero todo esto son teorías).

      Como fiesta de la agricultura, era una fiesta justamente de primavera en la que los agricultores celebraban con el pan ázimo y el cordero el paso del invierno al verano, con todo lo que significa, la primavera, la explosión de la vida. El significado se mantiene. El pan ázimo significaba, metafóricamente, lo que la  primavera realiza en la naturaleza, final de lo viejo, del invierno; es decir, de la muerte, el letargo, y el comienzo de lo nuevo, del emerger de la vida. El corderillo recién nacido era un símbolo de la vida, dar paso a lo joven, a lo nuevo.

      Estos significados son asumidos por el pueblo de Israel, vinculándolos a la memoria del éxodo como paso de la vida vieja en esclavitud a la vida nueva en libertad; el paso de la opresión, el no ser pueblo, al paso de tener una identidad como pueblo.

      Celebrar la Pascua para el pueblo de Israel es hacerse solidario con todos los oprimidos y también sentirse solidarios con los demás, de participar en la liberación, en la salvación de Dios.

      En la fiesta de la Pascua se rememora la salida de Egipto leyendo los pasajes del Deuteronomio y del Éxodo y se inicia a los más pequeños en la historia del pueblo de Israel.

       La fiesta también tiene la dimensión de oración en la que se condensa el sentido teológico, porque se bendice a Dios como rey del universo que elige a Israel entre todos los pueblos; lo santifica con sus mandamientos y que, con su amor, les ha otorgado la fiesta de la liberación para poder vivir la alegría, el gozo. Por eso es una fiesta de felicidad, de alegría.

      La fiesta de la Pascua tiene una celebración doméstica, cuyo centro es el seder o la cena familiar, el momento principal. El padre cuenta a los hijos los acontecimientos que se celebran; se consumen los panes ázimos, el cordero asado, hierbas amargas, el pastel de manzana, los huevos duros, la miel mezclada con vino y canela y se cantan los salmos. Los salmos 113 al 118, el halel.

      El éxodo centra toda la fiesta en la Pascua. Sin embargo, la Pascua tiene su culminación en la fiesta de Pentecostés o la fiesta de las semanas el shavuot, siete semanas después de la Pascua. ¿En qué sentido es culminación? ¿Qué se celebra? Se celebra el otro acontecimiento fundamental que es la Alianza del Sinaí. Que queda refrendada por la Ley, por el Decálogo.

       Por lo tanto la Pascua, el éxodo, la salida de Egipto tiene como fin ¿qué? ¿Cuál es el fin de la Pascua? ¿Por qué y para que Dios los liberó? Los libera de los egipcios, de la esclavitud, pero para algo: para hacer la Alianza con ellos, para darles la Ley. De tal modo que la liberación queda garantizada por la vida del Decálogo, cuando se vive el Decálogo. Cuando el pueblo de Israel vive la Ley mantiene la liberación espiritual; en cambio, cuando se aparta de la Ley pierde esa libertad y, a lo largo de la historia, el mismo pueblo experimentó esa pérdida, pasó a ser esclavo respecto de otros pueblos.

      Por lo tanto  en esta fiesta de Pentecostés que también originariamente fue una fiesta agrícola, por ejemplo, en Deuteronomio 16 dice: “contarás siete semanas desde el momento en que la mies comience a segarse…”. Era pues una fiesta agrícola en principio pero que después se vinculó a la Ley de tal modo que en esa fiesta lo principal era la lectura de la Torá. Es un día completo que se dedica en la sinagoga, a la lectura de  la Torá. Con ello el significado es que el Éxodo tiene su sentido en orden a la Alianza y a la Ley. Es más, la libertad que Dios les otorgó, con la Pascua se mantiene únicamente si son fieles a la Torá. En cuanto se apartan de Dios el pueblo se desmorona, tiende a desintegrarse.

      Los elementos teológicos del cristianismo están todos presentes en el judaísmo; lo que ciertamente sucede es que su significado último, de plenitud de sentido, se alcanza en el cristianismo pero ya están presentes. El cristianismo ha sido injertado en el tronco de Jesé a todos los niveles, teológicos, de las fiestas, etc.


5.     EL SÁBADO
      Otros de los contenidos teológicos que parece que se remonta también a los orígenes del yahvismo -pues no existía en Canaán-, es la celebración del sábado que no se daba entre los pueblos cananeos, el sabat. En el sábado, teológicamente, se celebran todos los bienes, su conjunto, la síntesis de todo, que a Israel le han sido concedidos por parte de Dios. De tal modo se dice, que el sábado es la novia de Israel, pues son los bienes de Dios quien mantiene a Israel como tal; no es Israel el que sostiene al sábado sino el sábado es el que sostiene a Israel. El sábado como plenitud de los dones de Dios.

      El sábado es signo de la alianza perenne de Dios con el pueblo; es también memorial del éxodo; es el compendio de la Creación. Dios culmina la Creación descansando el sábado; el sábado es culminación, es la cima de la creación, por tanto, todos los bienes creados también quedan representados en el sábado.

      El sábado también tiene ese significado antropológico en relación a la creación del hombre como señor y custodio de los bienes naturales. Dimensión ecológica del sábado. Y es el día en el que uno se abstiene de obrar para reconocerse a sí mismo como criatura y a Dios como el hacedor. Todos los demás días, el hombre trabaja, y con su trabajo crea, y con su trabajo manifiesta sus capacidades, pero con el sábado el hombre reconoce que no es el creador del mundo, que se debe a Dios.

      Por otro lado el sábado tiene también esa dimensión escatológica; porque claro, el sábado se repite periódicamente, cada siete días. Es pues la esperanza del sabat definitivo, el sábado de la venida del Mesías. El sábado como contenido teológico está relacionado con el cristianismo, tanto por esta dimensión escatológica, como también como compendio de todos los bienes, aunque el cristianismo ciertamente traslada lo que es el sábado al domingo, pero el domingo como Día del Señor se celebra la plenitud de los dones de Dios en Jesucristo. El sentido teológico de nuestro domingo y el del sábado de los judíos, es el mismo, aunque sabemos que esa plenitud de los dones de Dios se ha dado en Jesucristo, ellos también celebran la plenitud de los dones de Dios.

      Y celebran también la esperanza en la venida del Mesías. Nosotros el domingo, la Iglesia, pide la parusía, ven Señor Jesús.

      Lo que dice Jesús es que el sábado ha sido creado para el hombre y no el hombre para el sábado. ¿En qué sentido?; en que también el sábado es una criatura. Que el tiempo en sí mismo es creación; todo tiempo está al servicio del hombre, porque ¿cuál es el problema?  Es que el sábado casi se diviniza de tal forma que es superior al hombre y el hombre en ese sentido queda totalmente subordinado y Jesús lo que dice es precisamente lo contrario. Quizá aquí es donde se muestra la grandeza antropológica del cristianismo, porque en la antropología teológica del cristianismo el hombre no queda nunca subordinado a Dios. ¿En qué sentido? En que el hombre queda afirmado como un fin en sí mismo. El hombre queda afirmado también como algo absoluto, como un todo, que no puede ser considerado nunca como un medio, ni para Dios; el hombre no puede ser nunca constituido como una parte de un todo. Dios no considera al hombre como una parte ni como un medio.

“El Vaticano II dice que el hombre es el único ser que Dios ama por él mismo, no lo ama por otra cosa, no lo ama en función de sí mismo; en cambio el judaísmo, dándole tanto peso al sábado, divinizándolo, el hombre queda convertido en un medio para el sábado; el fin es el sábado y el hombre se convierte en un medio para ese fin. Por eso los judíos se escandalizan de Jesús porque cura en sábado, porque el hombre es un medio y no un  fin. El hombre en el sábado es una parte, en el sentido de que queda constituido dentro del engranaje de la celebración, de tal forma que el que no celebra el sábado queda como excluido, por lo tanto, es una parte en relación a un todo y desgajado de un todo, ya no es”.

      Entonces, las palabras de Jesús en relación al sábado no vacían el contenido teológico del sábado. Jesús celebraba el sábado iba a la sinagoga; sin embargo, lo que no hace Jesús es subordinar al hombre al sábado, de la misma forma que el hombre no queda subordinado al domingo cristiano; el hombre es un fin en sí mismo. El domingo es también para nosotros, no nosotros para el domingo. Un sentido fundamentalista del sábado lo convirtió en eso.

      Los ritos de las fiestas del sábado son ritos familiares y sinagogales. Como ritos familiares, en primer lugar, está el rito maternal de la madre. Digamos, que el sábado comienza con un rito que lo ejerce la mujer. Que es encender en la mesa familiar dos velas. Y la madre lo hace con los niños pequeños y explica a los niños el significado de esas dos velas: que es por un lado la luz como signo del esplendor de los dones de Dios que no se apagan, que permanecen encendidas todo el sábado; los dones de Dios son permanentes y la otra luz, la acogida del hombre, el hombre que tiene que secundar los bienes de Dios.

      La madre bendice a los niños pequeños, porque los mayores van con el padre, celebran el sábado en la sinagoga; las mujeres no, y los niños pequeños tampoco.

      Hay otro rito que es el del pan y el vino. Acabada la cena del sábado, se hace una bendición y se comparte pan y vino. El vino como signo de la alegría, del gozo, frutos de los dones de Dios. Y el pan, signo de la necesidad del hombre. El hombre necesita comer, tiene necesidades que el hombre cubre con su trabajo; el pan significa que viene del trabajo, pero la bendición del trabajo del hombre es de Dios, por tanto, se incorpora el pan como signo también de la  gracia y de la bendición de Dios.

      Esta fiesta del sábado termina con una bendición y oraciones dirigidas por el padre. En esta oración del padre de familia, se bendice también las hierbas silvestres, se  bendicen distintos frutos, se bendice el fuego, la luz, pero todo como signo de la bendición de Dios.