1. CONSIDERACIONES PREVIAS
1. Lo primero que hay que tener presente, para la lectura de la Biblia, es que debemos tener hambre de la Palabra de Dios. Si no hay hambre de su Palabra, no hay nada que hacer; tu inteligencia se chocará una y otra vez con la revelación de Dios. En un pasaje del libro de “Don Quijote de la Mancha”, se encontraba Sancho con hambre y Don Quijote le dijo: “Sancho, la mejor salsa es el hambre”. Esto es muy sencillo; para introducirnos en los textos de la Palabra de Dios, necesitamos tener hambre de Él.
2. Lo segundo es que hay que tener en cuenta el significado de la palabra texto. La palabra texto viene de la palabra tejido. Y un tejido es el resultado de hilar muchos hilos sueltos. Lo que leemos en la biblia es la trama social del pueblo de Dios. Cuando leemos un texto estamos leyendo una trama. Por otra parte, al tener experiencia de Dios, te conviertes en un hilo de Él y te colocas en su trama. Dice San Agustín que para él existen dos textos importantes: La vida y la Biblia. En primer lugar la vida. Si quieres conocer el texto, el tejido o trama de Dios, has de poner tu vida por delante.
3. El buen maestro enseña lo que sabe. El maestro consumado enseña lo que el principiante debe saber.
2. LA RENOVACIÓN DEL HOMBRE
¿Por qué la Biblia hebrea es indispensable para nuestra existencia? Porque nos obliga a escuchar y a preguntarnos: ¿qué quiere Dios de mí? Y si hay algo que hace que mi deseo de ser hombre sea válido, es el hecho de ser consciente de esta pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí? Por medio de la Biblia aprendo a decir “heme aquí”.
El destino y la fuerza de la Biblia hebrea son de tal importancia porque las manifestaciones y doctrinas posteriores, tanto en el judaísmo como en el cristianismo, hacen derivar de aquélla toda su verdad, y si no son constantemente juzgadas y purificadas por ella tienden a oscurecer y deformar la relación viviente de Dios con el mundo.
Hoy en día la Biblia está ausente del pensamiento contemporáneo. Se la cita para edificación, como pretexto para un sermón. No está presente como un poder que juzga nuestras vidas. La Biblia es respetada como fuente del dogma, no como historia viviente. Se leen los salmos, pero no los profetas, que se los venera como precursores y no como guías y maestros.
La Biblia es una revelación progresiva. La palabra no hablará en vacío. Es la maza del profeta, cuando él sabe ser el yunque. Las palabras hablan. Las palabras no son signos, sino gritos. Las palabras son signos de Dios, se proyectan desde Él, arguyendo constantemente. Las palabras son puertas que revelan posibilidades; posibilidades de compromiso contraído con Él y el contrapunto de su presencia y de sus ocultamientos.
Una raíz importante del nihilismo contemporáneo es la inveterada oposición a la concepción hebrea del mundo y del hombre. La Biblia hebrea ha destruido una ilusión; la ilusión de poder ser un inocente espectador en este mundo. No basta ser consumidor para ser creyente. La Biblia ha destruido la antigua tradición, según la cual, la relación con los dioses se realizó con toda facilidad, acomodándose los dioses a nuestras normas y nociones y siendo la religión, por encima de todo, una garantía.
Dios es juez y creador, no sólo revelador y redentor. El pueblo comenzó a acariciar una perspectiva de Dios –tomada de la Biblia hebrea– por la que se consideró preferentemente su promesa de redención, olvidándose de su presencia exigente como juez, de su trascendencia sublime como creador. Esta insistencia en el amor, sin tener en cuenta su ira, la enseñanza de la inmanencia, sin acentuar la trascendencia, la certeza de sus milagros, sin conciencia de la infinita oscuridad de su ausencia, son peligrosas distorsiones. El creer demasiado es más peligroso que creer muy poco.
Con vuestro permiso quisiera manifestar que a los judíos les resulta difícil entender por qué los cristianos adoran a Jesús como el Señor, ocupando su señoría el lugar del señorío de Dios creador. También, les resulta difícil comprender por qué la teología queda reducida a cristología. Es bastante significativo que algunos teólogos consideren hoy la posibilidad de afirmar que “podemos pasar sin Dios y asirnos a Jesús de Nazaret”.
La cuestión más importante de este momento en el mundo y en la civilización occidental es la humanidad del hombre. El hombre está perdiendo su verdadero perfil y modelando su vida según la imagen del anti-hombre. ¿Hay algo en la situación humana de hoy día que haga del respeto y de la responsabilidad una necesidad vital? ¿Es el ser humano una finalidad suprema? ¿No deja el hombre de ser humano si desaparecen el respeto y la responsabilidad?
La tarea de la renovación cristiana (quisiera esperarlo así), es en primer lugar, la renovación del hombre, y ésta es, ante todo, la renovación del respeto. ¿Cómo podemos evitar que el hombre descarte el poder de la libertad; es decir, la inmensa disposición de su poder de decisión? ¿Cómo habremos de enseñarle a comprometerse vitalmente con el desafío y con el misterio que exige de él el estar vivo? La tarea consiste en liberar la mente de la ilusión de que la disponibilidad y la trasparencia son los únicos atributos del ser. La falsa lucidez nos desorienta más que la simple oscuridad.
La renovación del hombre implica una renovación del lenguaje. Para el hombre de nuestra época nada es tan familiar y trivial como la palabra. De todas las cosas, la palabra es lo más barato, de lo que más se abusa y lo menos estimado. Las palabras son objeto de perpetua profanación. Todos vivimos en ellas, sentimos con ellas, pensamos con ellas, pero, como no acertamos a mantener su independiente dignidad, se hacen fugaces, como objetos abandonados, briznas de polvo. Cuando nos situamos ante la Biblia, cuyas palabras son como cavernas excavadas en la roca, no sabemos hallar la puerta. Es imposible comprender al Dios de Israel sin una profunda sensibilidad para con la santidad de las palabras. Pues, ¿qué es la Biblia? Santidad en las palabras. Y destruimos todas las puertas de la Biblia por la progresiva profanación del poder de la palabra. Y todos estamos implicados en el proceso de liquidación de la lengua. La promiscuidad de expresiones, la pérdida de sensibilidad para con las palabras casi han destrozado la fortaleza del espíritu. Y la fortaleza del espíritu es el dabar, la palabra. Lo que necesitamos es una revalorización de la palabra.
El momento presente exige la revalorización de todos los antecesores de la fe. La tarea es pre teológica. La renovación y cultivo de los antecedentes básicos de la fe nos ayudará a redescubrir la imagen del hombre.
La renovación del hombre implica también renovación del sentido de admiración y del misterio de estar vivo, prestando atención al momento como a una sorpresa. La renovación del hombre debe empezar por rebelarse contra la reducción de la existencia a mera función o acto. ¿Por qué hablo de la renovación del hombre? Porque la Biblia hebrea no es un libro sobre Dios; es un libro sobre el hombre. Por paradójica que sea la Biblia, debemos aceptar su promesa esencial: que Dios se interesa por el hombre. Si Dios me hubiera pedido consejo, yo le hubiera dicho inmediatamente después de la primera experiencia con Adán y Eva: “no te esfuerces por conseguir algo de esa especie”. Pero él continúa pacientemente esperando en el hombre. Digo que necesitamos una renovación de las premisas y de los antecedentes de la fe porque es inútil ofrecer conclusiones de la fe a aquellos que no poseen los prerrequisitos de la mis ma. Es inútil hablar de lo santo a personas que han dejado de cultivar los ingredientes del ser humano.
Antecedente a toda teología hay que crear una teología de la profundidad; las premisas o prerrequisitos de la fe son antecedentes a la fe como, por ejemplo, un sentido de admiración, un radical asombro, la reverencia y el sentido de misterio de todo lo que existe. El hombre debe aprender, por ejemplo, a dudar de su falso sentido de soberanía.
El mensaje bíblico sigue siendo inaceptable si no es visto en el contexto de sensibilidades y actitudes esenciales. La tendencia que tenemos en nuestro pensamiento religioso es a confiar totalmente en la llamada “experiencia contemporánea”; ésta debe de ser puesta en tela de juicio. La experiencia contemporánea es una experiencia atrofiada, está en gran parte desprovista de las cualidades más importantes de la experiencia. Los seres humanos nunca han estado tan perplejos ante las cuestiones que les desafían en lo más profundo de su ser. La famosa frase de Dietrich Bonhoeffer: en “un mundo que ha llegado a su mayoría de edad… podría vivir sin la tutela de Dios”,presupone una concepción de nuestro mundo que peca de ingenua, a mi modo de ver. ¿Se puede considerar al mundo de Auschwitz, de Hiroshima, de Vietnam y de los misiles balísticos intercontinentales como un mundo que ha llegado a su mayoría de edad?
El interrogante más radical con que nos enfrentamos no concierne en realidad a Dios, sino al hombre. ¿No ha dado suficientes pruebas el hombre de ser incompatible o inconsecuente con la civilización en que ha nacido? La conciencia contemporánea no ha llegado a ponerse de acuerdo con su propia experiencia. Agobiada por el rápido avance de la tecnología, no ha acertado a desarrollar una antropología adecuada, un medio de asegurar la independencia del ser humano ante las fuerzas hostiles.
El nivel de experiencia es amplio, pero superficial. El hombre está perdiendo gradualmente la capacidad de hacerse cargo de su propia vida. Está empezando a considerarse no sólo como una auto-contradicción, sino como una imposibilidad. ¿Hasta qué punto se debe al fracaso de la fe judía y cristiana la dificultad del hombre de esta civilización que está modelada por el judaísmo y el cristianismo? Demasiados acontecimientos que se suceden con exagerada rapidez bombardean nuestra conciencia a ritmo acelerado para que podamos examinar su significado. La experiencia contemporánea carece de la reflexión correspondiente y adecuada. Al considerar la tensión entre fe y mundo de cada día no debemos olvidar que nuestra experiencia diaria es un problema más bien que una norma. No se supone que tengamos que renunciar a la tecnología, sino que debemos preguntar si de la tecnología puede surgir la imagen del hombre.
Menciono todo esto, porque si las antiguas religiones se interesaron por un solo aspecto o por algunos aspectos de lo humano, la Biblia hebrea se interesa por toda la existencia humana. En cierto sentido no hay preocupación por lo religioso en la Biblia; lo que allí cuenta es lo secular.
3. EL CÍRCULO HERMENÉUTICO
La Biblia ante todo es una Palabra que antes de ser escrita fue una experiencia. Esa experiencia se fue transmitiendo y, después de un tiempo, se unieron varias personas y la escribieron.
Así la Biblia es Palabra Acontecida. Por ejemplo: Abrahán escucha de parte de Dios: “Sal de tu tierra”. Esto es un acontecimiento. La primera palabra que Dios dirige al hombre es Vida.
Y también la Biblia es Palabra Transmitida. Por ejemplo: Abrahán le cuenta a Sara lo que Dios le dijo y que tenía que marcharse.
Todo esto se escribió después de muchos siglos. Es decir, la Palabra escrita es posterior. Pero hay un problema. Al transmitir, cada uno cuenta las cosas como le ha parecido. Y así, ocurre, que cuando leemos la Biblia a veces encontramos contradicciones. Pero no debemos asustarnos. Es igual que cuando nosotros vemos un accidente; cada uno lo narra como lo ha visto.
Hay mucha más palabra acontecida que palabra trasmitida y lo mismo ocurre con ésta y la escrita. Por otra parte, el pueblo de Israel escribió muchos más libros que los que hay en la Biblia; es decir, algunos de ellos se perdieron.
La Biblia que fue escrita hace mucho tiempo nos llega hoy. ¿Qué debemos hacer? Leerla, y así decimos que la Biblia es Palabra leída. Una vez leída, decimos que esa Palabra de Dios es escuchada, y hablamos entonces de Palabra escuchada.
A partir de aquí, surge lo que se conoce como círculo hermenéutico. Y es que la palabra escuchada vuelve a ser Palabra trasmitida, y por último cerrando el círculo, la Biblia es Palabra vivida.
5. ANATOMÍA DE LA BIBLIA
ESTRUCTURA HISTÓRICA DE LA BIBLIA
PATRIARCAS
|
1820-1650
2 siglos
|
Caldea
Palestina
|
Pastores
Seminómadas
|
Gn 12-50
|
ESCLAVITUD
|
1650-1250
4 siglos
|
Egipto
|
12 tribus
servidumbre
|
Ex 1-2
|
ÉXODO
|
1250-1210
40 años
|
Mar Rojo
Desierto
|
Alianza + Ley = Pueblo
|
Ex, Lv,Nm, Dt
|
CONQUISTA
|
1210-1050
1 siglo
|
Tierra Prometida
|
Tribus. Tierra
Líderes
|
Jos,
Jue
|
MONARQUÍA
|
1050-935
1 siglo
|
Jerusalén
|
Rey- corte
Templo
Sacerdotes
|
1S,2S,1R,1Cr,
2Cr
|
REINOS
|
935-721-586
2-4 siglos
|
Norte – Asiria
Sur- Babilonia
|
Nacionalismos
Profetas
Alternativas
|
1R,2R,2Cr
|
EXILIO
|
586-538
½ siglos
|
Diáspora
|
Cautivos
Profetas de consolación
|
Jr, Ez, Is 40-55
Lam, Sal
|
P.PERSA
|
538-333
2 siglos
|
Diáspora vs
Restauración
|
Reconstrucción civil y religiosa
Profetas.
Gobernadores
|
Ag, Zac, Esd, Is 56-66, Mal Abd
|
P.GRIEGO
|
333-63
3 siglos
|
Diáspora
Diálogo
Resistencia
|
Helenismo Independencia macabea (1 siglo)
|
1M
|
P.ROMANO
|
63-135 dc
1 siglo
|
Diáspora
Colaboración
Destrucción
|
Universalización
|
NT
|
CORAZÓN DE LA BIBLIA: CRISTO JESÚS EL SEÑOR
I
|
II
|
III
|
IV
|
Necesidad de
Cristo
|
En marcha hacia Cristo
|
Cristo Jesús
|
Por Cristo con Él y en Él
|
(…)
|
Constitución del pueblo
|
Educación del pueblo
|
Cristo
Jesús
|
Cuerpo de Cristo
|
|
Creación
|
Demografía
|
Por la palabra de los profetas
|
|
Pentecostés
|
P
A
R
U
S
Í
A
|
|
Caída
|
Interna
|
Por sufrimiento del destierro
|
|
Iglesia hoy
|
|
Promesa
|
Política
|
Por la esperanza del Mesías
|
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6. EL “SHEMÁ”
En el libro del Deuteronomio se contiene el Shemá, el“escucha”, párrafo del c.6, que se convirtió en una de las oraciones cotidianas más importantes del judaísmo:
“Escucha, Israel: Yahvé, nuestro Dios, es el único Yahvé. Ama a Yavéh, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Queden en tu corazón las palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa, como si vas de viaje, acostado o levantado. Las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos. Escríbelas en las jambas de tu casa en tus puertas”. (Dt 6,4-9).
Esta palabra está ligada al primer mandamiento del decálogo y a un amor intenso, exclusivo, apasionado, activo y obediente a Dios y a su palabra. Nada debe separarnos de este amor: ni la civilización del bienestar, ni la idolatría. La palabra divina ha de ser la norma de la existencia entera: “sentarse-caminar” y “acostarse-levantarse” son símbolos extremos para indicar la vida entera encerrada entre dos polos. La mano es signo de acción, la frente del pensamiento y las decisiones, y el poste de la puerta lo es de la vida social.
Los judíos han puesto en práctica literal, material y ritualmente esta exhortación del shemá orando con estuches de cuero, en los que se contienen pequeños rollos con párrafos de la torá, colocados en la frente y en la mano (las llamadas filacterias), y en la jamba derecha de la puerta de entrada de la casa (la llamada mezuzah).