Salomón fue sucedido en
el trono por su hijo Roboán. Los ancianos de Israel pidieron al rey que
aligerase la dura servidumbre impuesta por su padre Salomón. Pero Roboán
respondió a su pueblo con estas palabras: “Mi dedo meñique es más grueso que
los lomos de mi padre… Mi padre os azotaba con azotes, pero yo os azotaré con
escorpiones”. Y, entonces, viendo el pueblo que el rey no le hacía caso, se
produjo el cisma; la división se consumó. Las 10 tribus del Norte rompieron con
Roboán y eligieron como rey a Jeroboán. El pueblo del Norte era más amplio y
más rico, pero vivió siempre envuelto en una gran inestabilidad.
Jeroboán (931-910) fue el primer rey
de Israel. Puso su capital, primero en Siquén y después en Penuel. Estableció
dos santuarios en los cuales fueron colocados los famosos becerros de oro.
Desde entonces, Jeroboán fue denunciado como el hombre que hizo pecar a Israel.
En la religión cananea Baal era representado en forma de toro. Sin ser
plenamente consciente Jeroboán animó, de hecho a la fusión de la fe de Israel
con la religión de Baal (1Re 12.2.20.25-33; 13,1-34; 14,1-20).Después del reinado de Jeroboán, subió al trono Nadab (910-909). Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Fue asesinado por Basá, el cual ocupó el trono. También éste hizo mal a los ojos de Yahvé y fue por el camino de Jeroboán. Elá (909-886) reinó en su lugar. Su reinado duró dos años. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Zimrí le asesinó.
Zimrí (885) se sentó sobre el trono de Israel. El ejército no aceptó su golpe de estado y se levantó contra él. Viéndose perdido, incendió el palacio de Tirsa, en el que residía, y murió abrasado. Su reinado había durado siete días (1 Re 16, 15-20).
Desde Jeroboán hasta Zimri se produjo en Israel lo que se ha llamado la baalización del yavismo. Muchos israelitas no sabían exactamente a quien adorar; si a Yahvé o a Baal. Pero esta situación todavía se agravó aún más en los reinados siguientes, cuyos reyes fueron Omrí y Ajab. Omrí, pone a Samaria como capital.
Ajab, se casó con Jezabel, fenicia, pagana. Convierte todo el reino del Norte al baalismo. Emprendió una campaña de exterminio contra los que se opusieron a su política religiosa: los altares de Yahvé fueron destruidos, algunos profetas asesinados y los fieles perseguidos. Entonces se levanta un profeta, Elías, cuyo nombre quiere decir “Mi Dios es Yahvé” y que desafía a los profetas de Baal. Frente a los cultos de fecundidad a Baal y Astarté, Elías dice: Yahvé está por encima de Baal y Astarté. Frente al Paradigma Reino, hay una voz discordante: la de los profetas (hablar con la verdad).
Leamos 1 Re 18, 21-41.
¡YAHVÉ ES DIOS! SACRIFICIO DE ELÍAS (1R 18).
1 Re 18,21 A Elías se acercó a todo el pueblo y dijo:
-¿Hasta
cuándo andaréis cojeando sobre dos muletas?Si Yahvé es Dios, seguidlo. Si lo es Baal, seguidle a él.
22 El pueblo no respondió nada. Entonces Elías les dijo:
- He quedado yo solo como profeta de Yahvé,
mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta.
23 Que nos traigan dos novillos. Escoged vosotros un novillo;
que lo descuarticen y pongan sobre la leña, sin prenderle fuego.
Yo prepararé otro novillo y lo pondré sobre la leña, sin prenderle fuego.
24 Vosotros invocaréis a vuestro Dios y yo invocaré a Yahvé.
Y el Dios que responda con fuego, ése es Dios. Y replicó todo el pueblo:-¡Bien dicho!
25 B Elías dijo a los profetas de Baal:
-Elegíos un novillo y hacedlo primero, porque vosotros sois más.
Luego invocad a vuestro Dios, pero no prendáis fuego.
26 Ellos tomaron el novillo que les dieron e invocaron el nombre de Baal
desde la mañana hasta mediodía diciendo: -¡Oh Baal! ¡Respóndenos!
Pero no había voz (trueno) ni respuesta, mientras saltaban ante el altar
27 que habían edificado. Y al mediodía empezó Elías a mofarse:
-¡Gritad más fuerte, pues él es Dios, pero está meditando,
o tiene alguna necesidad o está de viaje; quizá duerme y hay que despertarle.
28 Entonces gritaron más fuerte y, según su ley, se hicieron cortaduras
29 con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre por su cuerpo.
Pasado el mediodía, profetizaron hasta la oblación de la tarde,
pero no se oía voz, ni respuesta ni contestación.
30 C Entonces dijo Elías a todo el pueblo: -¡Acercaros!
Se acercó todo el pueblo a su lado y reparó el altar de Yahvé que estaba derruido.
31 Y tomó Elías doce piedras, una por cada tribu de los hijos de Jacob,
32 a quien Yahvé había dicho: ¡Israel será tu nombre!
Y construyó con las piedras un altar al nombre de Yahvé
33 e hizo alrededor del altar una zanja como para sembrar dos satos.
34 Apiló la leña, descuartizó el novillo y lo colocó sobre la leña. Y dijo:
-¡Llenad cuatro cántaros de agua y derramadla sobre la víctima y la leña.
Y dijo: ¡Repetidlo! Y lo repitieron. Y dijo:¡Por tercera vez! Y lo hicieron por tercera vez.
35 Y el agua corría alrededor del altar e incluso la zanja se llenó de agua.
36 Y a la hora de la ofrenda se acercó Elías, el profeta, y dijo:
-¡Yahvé, Dios de Abrahán, Isaac e Israel! Que hoy se reconozca que tú eres
Dios de Israel y que yo soy tu siervo, que en tu nombre he hecho todas estas cosas.
37 Respóndeme, Yahvé, respóndeme; para que este pueblo reconozca que
tú, Yahvé, eres Dios. ¡Así les cambiarás de nuevo el corazón!
38 D Y descendió el fuego de Yahvé y consumió la víctima,
la leña, las piedras y el polvo, y secó el agua de la zanja.
39 lo vio todo el pueblo y cayeron sobre su rostro exclamando:
-¡Yahvé es Dios! ¡Yahvé es Dios!
40 Y les dijo Elías: -Tomad a los profetas de Baal. Que no escape ninguno de ellos.
41 Los agarraron. Y Elías les hizo bajar al torrente Quisón y allí los degolló.
Y dijo Elías a Ajab: -¡Vete! ¡Come y bebe! Que ya se escucha el ruido de la lluvia.
Comentarios
1
Re 18, 21-24 (A): El pueblo no es ateo, es idólatra. Quieren seguir a Yahvé y
quieren acomodarse con las divinidades cananeas. La escena se desarrolla en el
Monte Carmelo; hay una situación límite y se produce un desafío. La esposa del
rey Ajab es Jezabel, que es mala y perversa; a todos los profetas los había
pasado a cuchillo, excepto a Elías. Las situaciones límite en nuestra vida son
el desafío de Dios para nuestra fe.
1
Re 18,25-29 (B): Los profetas de Baal contra el profeta de Dios (profetas,
no sacerdotes, no encargados del culto). Hay una atracción hacia el misterio,
hacia las fuerzas de la vida, desde siempre. Observar la intensidad creciente de la escena: es una orgía ritual de canto y baile; hay una experiencia de vértigo, de rito sexual. Están sacralizando la danza como forma de controlar la divinidad y no se puede. Rechazan la búsqueda de la experiencia por la misma experiencia.
Israel desmitifica todos los dioses: no le pongamos a Dios cosas que no le tocan. Los sacerdotes de Baal sufren por un dueño que no les responde; es un entusiasmo vano. Nada cambia.
¿Cuántos ritos hacemos hoy? Elías se mofa de ellos. No hace falta matarlos, están muertos; no funciona su rito.
1 Re 18, 30-41 (C-D): No basta un reto, hay que hacer lo imposible. En nuestra vida, a veces, tenemos que retar a Dios para que nos cambie el corazón.
Elías repara el altar con doce piedras. ¿Cuál es el altar de Dios? El pueblo, las doce tribus. El sacrificio de Elías no es un gesto sacerdotal; el pueblo se juega la vida. Los profetas de Baal están en trance y están calientes. Elías enfría los ánimos echando mucha agua. Enfriar nuestra sed desesperada de ritos mágicos. Desacralizar la buena conducta. Sólo Yahvé es Dios y lo demás, nada. Nada de entusiasmos, de trasformación estática.
Y Dios desciende; la voz, el trueno es la chispa que enciende el fuego del altar… Pero el trueno es lo que desencadena la lluvia, se acabó la sequía. Sequía que fue anunciada por Elías en 1 Re 17,1. Elías, que había huido de Jezabel, se enfrenta con el pueblo y demuestra que Yahvé es Dios.
Éste es un cuento que nos desmitifica todo. El favor de Dios lo consigues cuando lo afirmas como tu Señor, tu dueño. El culto no sirve para nada, es tu decisión de hacer de Dios el Señor de tu vida.
Hemos pasado de la crueldad de la escena al paradigma central y básico de Israel: Yahvé es Dios y nosotros su pueblo. Y eso es porque hay una palabra profética. En las situaciones límite lo único que nos saca adelante es la decisión personal de hacer de Dios el centro de nuestra vida.
Prosigamos con la historia del Reino del Norte.
Ococías (853-852) sucedió a Ajab en el trono de Samaría. Hizo el mal a los ojos de Yahvé (1 Re 22, 52-54). Elías desapareció en unas circunstancias misteriosas (2 Re 2,1ss). Elías se va al cielo y Eliseo recibe su manto (2 Re 2,12).
Jorán (852-841), rey de Israel, sucedió a su hermano Ococías. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Los moabitas se insubordinaron contra Israel. Jorán luchó también contra los arameos de Damasco para hacerse con la posesión de la ciudad de Ramot de Galaad. Fue herido en la batalla y tuvo que retirarse a Yizreel para reponerse de sus heridas. Allí fue alcanzado por Jehú (2 Re 3, 1-27).
Jehú (841-814) era el jefe del ejercito que luchaba en Ramot de Galaad. Un discípulo de Eliseo le ungió como rey de Israel. Entonces se dirigió desde Ramot de Galaad hacia Yizreel, donde el rey Jorán se estaba reponiendo de sus heridas. Ococías, rey de Jerusalén, había ido a visitarlo. El rostro de Jehú debía ser amenazador cuando vio a los dos reyes. Jorán se percató de inmediato. Volvió riendas y huyó diciendo a Ococías: “Traición, Ococías”. Jehú tensó el arco y la flecha le atravesó el corazón y se desplomó en su carro. Ococías también fue alcanzado por Jehú y herido de muerte. La reina Jezabel fue arrojada por una ventana y cayó a los pies de los caballos de Jehú, que la pisotearon. Los perros comieron su carne. La palabra de Elías se cumplió. Los príncipes de Israel y de Judá fueron también asesinados. La rebelión culminó con la destrucción del templo de Baal construido en Samaria y la matanza de todos sus profetas. Pero Jehú no hizo lo recto a los ojos de Yahvé. Los reyes de Judá y de Tiro rompieron sus relaciones con él. Jazaél rey de Damasco, aprovechó la debilidad de Israel para batirlo en todas sus fronteras. Jehú tuvo que pagar tributo a Salmanasar III de Asiria. En el Obelisco negro aparece Jehú, arrodillado ante el gran rey (2 Re 9,1-37; 10,1-36).
Joacaz (814-798) sucedió a Jehú en
el trono de Samaria. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Israel fue completamente
derrotado por Jezael de Damasco y sus sucesores.
Joás (798-783) sucedió a Joacaz en
el trono de Israel. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Asiria volvió a hacer acto
de presencia en toda la región. Damasco tuvo que pagar un enorme tributo al rey
Adadnirari III. Joás aprovechó la ocasión para derrotar a los arameos y
reconquistar las ciudades de Transjordania. Israel comenzó a recuperar su
antigua prosperidad (2 Re 13,10-13; 13,22-25).
El ciclo de Eliseo termina con un
breve relato sobre su muerte (2 Re 13,14-21).
Jeroboan II (783-743) sucedió a Joás
en el trono de Israel. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Los asirios no
intervinieron en la escena del medio Oriente durante unos cuantos años.
Jeroboan firmó la paz con Judá. Todas las rutas caravaneras de la región fueron
controladas y por las aguas del mar Rojo las flotas de barcos comenzaron a
comerciar con entera libertad. Una gran prosperidad se extendió por todo el
país. Superficialmente debía parecer que Dios estaba bendiciendo a su pueblo
con toda clase de bienes. Pero la situación fue muy grave para Israel. Jeroboam
II lleva el reino del norte a su máximo esplendor a costa de los más pobres.
Entonces se levanta Amós, el profeta de la justicia y la restauración total.
Amós
2,6: “Así dice Yahvé: ¡Por tres crímenes de Israel y por cuatro, seré inflexible!
Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias”. El
profeta contempla que el 20% de la población mundial tiene el 80% de la riqueza
y que el 80% de la población tiene el 20%. Es decir; la riqueza de unos pocos y
la pobreza de muchos. Y Amós se da cuenta de que Dios dijo que todos éramos
hermanos.Amós 7,10-15; avisa que los israelitas serán llevados prisioneros a Asiria por la injusticia que se comete contra el pueblo. Hay expertos que dicen que Amós profetizó sólo veinte minutos.
Betel es el templo del reino -lo mismo que David con Jerusalén-, pero Jeroboam es infiel. Amós era de Judá y se va a Israel a profetizar. Dice: Yahvé me ha mandado a profetizar. Estamos en el año 740, en pleno siglo de oro de la profecía hebrea.
El libro de Amós tiene nueve capítulos. A cada paso, Dios está acusando al pueblo y da una sentencia. Estás obrando mal y no lo puedo consentir.
Amós es el profeta de la justicia de Dios, de los pobres de la tierra. Todo lo ha hecho Dios por ti, no puedes justificar nada.
Asiria se vuelve fuerte, toma Samaria y deporta a las clases principales. Aquí surge una voz diferente: Oseas, que nos presenta la figura de Israel como esposa y a Dios como esposo. El profeta Oseas empezó a predicar como en el año 746, es decir; al final del próspero reino de Jeroboam II. Fue testigo del declive que llevó a la ruina al reino de Israel: desigualdades, lujos, asesinatos, infidelidades. Su mensaje fue conmovedor. Por orden de Yahvé el profeta se desposó con una mujer prostituta, Gomer. Ella fue una adúltera corrompida hasta las entrañas. Y, sin embargo, el profeta no podía dejar de quererla. Él mismo debía decirse para sus adentros: “Tengo que abandonarla, la voy a redactar el acta de repudio, ya no tengo ninguna obligación hacia ella”. Pero no podía. El amor ganaba la partida a la traición. ¿Cómo llegar a su corazón y cambiarlo? ¿Cómo hacerla volver al hogar querido? Sólo el amor podía trocar aquella situación tan tenebrosa. Así, el trance doloroso de su vida se convirtió en una parábola viva de la conducta de Yahvé con su pueblo. También Dios, como un marido enamorado, ha amado a un pueblo infiel, a una esposa que le ha traicionado. Le gustaría dejar de amarla, pero no puede. De buena gana quitaría de su mano el anillo de desposado. Aquella era una mujer que no valía la pena. Pero la atracción era más fuerte que el dolor. El amor es invencible. “Así captó Oseas el amor obstinado de Yahvé por su pueblo, que no se altera ni se disipa ante ninguna infidelidad y que se complace en dar a la esposa adúltera el amor más tierno y fiel”.
Oseas 2,4-25: Cuando pensamos que
Dios, en el Antiguo Testamento, sólo está para castigar, ¡qué lejos estamos!
Cuando decimos que Dios no siente es porque ignoramos la vida, nuestra propia
vida; ignoramos su amor y fidelidad, su pasión desmedida por encima de todo.
Estamos en la creación existencial
de nuestra persona que andaba extraviada con otros dueños. Sólo el Señor es
capaz de transformarnos cuando nos hemos ido con otros dueños. Es la respuesta
de Dios a la problemática del culto sin exigencia ética, frente al
enriquecimiento de muchos (Isaías), frente a la pobreza de los campesinos
(Miqueas).
Ver Salmos 50 y 51.
Oseas tiene catorce capítulos. No
hay pena que dure la lectura de Oseas. Más allá de la adversidad, de nuestros
pecados, nuestra vida tiene algo que ver con Dios: Dios es nuestro Señor.
En el capítulo 14 del libro de
Oseas dice:
“Samaria recibirá su castigo por
haberse rebelado contra Yahvé: sus habitantes serán acuchillados, sus niños
serán pisoteados y les abrirán el vientre a sus mujeres embarazadas.
Vuelve, Israel, junto a Yahvé, tu
Dios, pues tus faltas te hicieron tropezar. Preparen sus palabras de disculpa y
preséntense a él para decirle:
“Oh tú que tienes compasión del
huérfano, perdona nuestros pecados y acepta nuestras excusas. En vez de bueyes
te ofreceremos las alabanzas que salen de nuestros labios.
Asiria no nos salvará, no
volveremos a montar a caballo, y no llamaremos más dios nuestro a la obra de
nuestras manos, pues en ti encuentra compasión el huérfano.
Yo sanaré su infidelidad, los
amaré con todo el corazón, pues ya no estoy enojado con ellos. Yo seré para
Israel como el rocío; florecerá como una azucena y extenderá sus raíces como el
árbol del Líbano.
Sus retoños brotarán por todas
partes…”.
El libro de Oseas termina con estas
palabras alentadoras. Después de la prueba, Israel buscará a Yahvé, el cual se
dejará encontrar. La reconciliación de los hombres con Dios será un verdadero
matrimonio.
La prueba consistirá en la caída
del Reino de Israel, que a continuación resumiremos.
Zacarías (743) sucedió a Jeroboán II. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Después de seis meses de reinado fue asesinado (2 Re 15, 8-12).
Sal-lun (743) sucedió a Zacarías.
Sólo logró mantenerse un mes en el trono. Fue asesinado por Menajén (2 Re 15,
13-16).
Menajén (743-748) sucedió a
Sal-lun. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. En sus días Asiria reapareció en la
escena del medio Oriente. Tiglat-pileser III (745-727) recorrió toda la región
sometiéndola y cobrando tributo de todos los reyes. Inauguró en el Oriente una
política de terror, conocida con el nombre de terror de Assur. Cualquier intento de rebelión era sofocado
brutalmente. Tiglat-pileser se dirigió el año 738 hacia la región de Siria. Los
reyes de Damasco, Tiro e Israel le pagaron tributo. Después de esa primera
expedición regresó a su país. El resto de los hechos de Menajén está escrito en
los Anales de los reyes de Israel (2 Re 15,17-22).Pecajías (738-737) sucedió a Menajén. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Su reinado estuvo lleno de dificultades. El partido antiasirio impuso su política. Fue asesinado por su escudero (2 Re 15,23-26).
Pecaj (737-732) sucedió a Pecajías.
Hizo el mal a los ojos de Yahvé. En sus días Tiglat-piliser III volvió a dominar
a todos los pequeños estados. Pecaj hizo una alianza con Resón rey de Damasco,
para oponerse al avance de los asirios. Los dos reyes presionaron sobre Jotán,
rey de Judá, para que se uniera a ellos. Ante la negativa del rey de Jerusalén
su territorio fue invadido, con la intención de imponer allí a un rey que fuera
partidario de la coalición. Ese ataque de Damasco e Israel contra Judá es
conocido con el nombre de guerra siro-efraimita (2 Re 15, 27-31).
Oseas (732-724) fue el último rey
de Israel. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Oseas comenzó a entenderse con
Egipto. Pero Salmanasar V (727-722), sucesor de Tiglat-piliser, no dio tiempo a
que fraguara plenamente la coalición. Se precipitó hacia Samaria y conquistó
todo el territorio de Israel. Oseas fue encarcelado. Sólo Samaria, muy bien
defendida, resistió durante cerca de
tres años el asedio al que fue sometida. Pero en el otoño del año 722 la ciudad
cayó en manos de los asirios. Sargón II (722-705) sucedió en aquellos días a
Salmanasar V y él completó la obra de su padre. El territorio fue devastado,
muchos de sus habitantes deportados, Israel fue convertido en una provincia del
imperio asirio. Así terminó su historia el reino del norte.
Sargón II envió colonos a Israel
para que el territorio no quedara despoblado. De la mezcla de los judíos con
los colonos importados se formó ese pueblo híbrido de los samaritanos. Las relaciones con el reino del sur fueron desde
entonces muy tensas (2 Re 17,16.24-41).“Esto sucedió porque los hijos de Israel habían pecado contra Yahvé su Dios y habían reverenciado a otros dioses… Por esto deportó el Señor a Israel de su tierra Asiria, hasta el día de hoy” (2 Re 17,7-23).
El reino del Norte ha luchado entre
estas coordenadas:
· Auge de la agricultura: a base de
préstamos, hipotecarse, ser embargado y ponerse a vivir como esclavos.
· Frente a ésta, hay una problemática
social muy fuerte. Solo progresan los grandes terratenientes.· Problemática religiosa: culto a los baales o dioses extranjeros.
· Culto sin exigencia ética: manipular a Dios sin cambiar el corazón; contentar a Dios con sacrificios, rezos, etc.
· Problemática política: Tiglat III va devastando los grandes reinos del Norte. Hay dos partidos políticos: a favor de los asirios y a favor de los egipcios.
Los
profetas dicen: NO; no os aliéis ni con
unos ni con otros. Pero el pueblo no hace caso a los profetas. Lo contrario de
la fe es el temor. Y, en vez de creer en Dios, se alían con Asiria y con Egipto
y lo van a pagar muy caro.
La
fe es el riesgo de caminar sobre la palabra de Dios.
2. EL REINO DE JUDÁ DESDE EL AÑO 931 HASTA EL 687
En el año 721 cae Samaria, los
judíos son deportados a Asiria. El territorio es repoblado con gente que daba
culto a otros dioses. Así que, después de 50 años, no quedaba ni rastro del
culto a Yahvé. Es la pérdida total del Reino del Norte. El gran trauma
nacional.En el Reino del Sur, se resiente todo esto. Las tradiciones van a pasarse del Norte al Sur. Algunos libros van a Jerusalén.
Pero entonces, la elección de un pueblo por Dios ¿queda restringida sólo a Judá? Los samaritanos son extranjeros: quedan los pequeños campesinos, que se fusionan con ellos, de manera que asumen sus costumbres, su religión; de Yahvé no queda ni rastro.
Retrocedemos un poco en la historia del Reino del Sur.
Roboán (931-913) fue el sucesor de Salomón en el trono de Jerusalén. Hizo mal a los ojos de Yahvé. Sosaq, faraón de Egipto, invadió su territorio y subió contra Jerusalén. Se apoderó de los tesoros de la casa del rey (1 Re 14,21-30).
Abdías (913-911), su hijo, le sucedió. Siguió en todo los pecados de su padre y su corazón no fue por entero de Yahvé (1 Re 15, 1-8).
Asá (911-870) ocupó su lugar. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé. Expulsó a los consagrados a la prostitución y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. Pero no desaparecieron los altos (santuarios mandados construir por Jeroboan donde están los famosos becerros de oro) (1 Re 15,9-24).
Josafat (870-848) sucedió a Asá en el trono de Jerusalén. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, pero los altos no desaparecieron. Hizo una flota en Tarsis para ir a por oro a Ofir (1 Re 22,41-51).
Jorán (848-841), rey de Jerusalén, sucedió a Josafat. Hizo el mal a los ojos de Yahvé. Estuvo desposado con una hija de Omrí y hermana de Ajab, llamada Atalía. En sus días los edomitas se rebelaron contra Judá (2 Re 8,16-24).
Ocozías (841) sucedió a Jorán en el trono de Jerusalen. Anduvo por el camino de la casa de Ajab e hizo el mal a los ojos de Yahvé. Fue asesinado por Jehú (2 Re 8,25-29).
Atalía (841-835) era la madre del rey Ocozías de Jerusalén. Cuando se enteró de que su hijo había muerto, se levantó y exterminó a toda la estirpe real. Sólo logró escapar Joás, el hijo menor de Ocozías, que fue ocultado por su tía Yehosabá. Atalía introdujo en Jerusalén el culto a Baal, construyó altares, hizo imágenes, impuso a sus sacerdotes. A los siete años estalló la rebelión contra ella. Joás fue presentado a los jefes del ejército, quienes le reconocieron como el rey legítimo. Atalía fue asesinada y el templo de Baal destruido (2 Re 11, 1-20).
Joás (835-796) sucedió a Atalía. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé. Purificó Jerusalén de todo resto de baalismo. Fue asesinado por sus servidores (2 Re 12,1-22).
Amasías (796-781) sucedió a su padre Joás en el trono de Jerusalén. Abrió las vías comerciales del mar Rojo. Fue asesinado por sus servidores (2 Re 12, 1-22).
Ozías (781-740) sucedió a Amasías, su padre, en el trono de Judá. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé. Su reinado fue largo y próspero. Construyó una flota en el mar Rojo, fomentó la agricultura, reorganizó el ejército, equipó a Jerusalén de defensas poderosas (2 Re 15,1-7).
Jotán (740-736) sucedió a su padre Ozías. Hizo lo recto a los ojos de Yahvé, sólo que no desaparecieron los altos. Favoreció la agricultura, reforzó las ciudades, fortificó Jerusalén. Los últimos días de su reinado fueron angustiosos. No quiso formar parte de la liga antiasiria y vio cómo su territorio fue invadido por los reyes de Israel y de Damasco. En esos momentos Jotán moría (2 Re 15,32-38).
Ajaz (736-716) sucedió a Jotán. No hizo lo recto a los ojos de Yahvé. Tuvo que hacer frente a la guerra que Damasco e Israel habían declarado a su padre. Ajaz fue derrotado, aunque Jerusalén no fue conquistada. El profeta Isaías le animó a poner su esperanza en el Señor (Is 7,1-9). Pero Ajaz escribió una carta a Tiglet-pileser pidiéndole ayuda y enviándole un buen tributo. El rey asirio no se hizo esperar. Subió y atacó a Israel. Una gran parte del territorio galileo y de Galaad fue conquistado y sus habitantes deportados. Pecaj fue asesinado y un nuevo rey fue impuesto en Samaria. En el año 732 Damasco era convertido en provincia del imperio asirio (2 Re 16,12).
Ezequías (716-687) sucedió a Ajaz en el trono de Jerusalén. El país estaba arruinado social, política y religiosamente. Pero Ezequías hizo todo lo posible por llevar a su pueblo hacia el Dios verdadero. Hizo una gran reforma religiosa en todo su reino: quitó los altos, derribó las estelas, cortó los cipos, rompió la serpiente de bronce que había hecho Moisés. Los altares a los dioses asirios fueron arrasados, el culto a los baales suprimido, los santuarios locales fueron derribados y el templo de Jerusalén purificado. Se apegó a Yahvé y no se apartó de él.
Ezequiel construyó el canal de Siloé (2 Re 20,20); un túnel de unos quinientos metros para llevar el agua desde la fuente de Guijón a la piscina de Siloé y estar así bien provistos de agua en caso de guerra. Ezequías fortificó todavía más las murallas de Jerusalén para dar mayor consistencia a la ciudad (2 Cro 32,5).
Los años del reinado de Ezequías fueron muy turbulentos. La ciudad filistea de Asdod se rebeló contra los asirios en el año 711. Unos meses después Asdod era convertida en un montón de ruinas. Sargón II murió el año 705 a.C. Babilonia quiso hacer entonces una gran coalición contra los asirios. Los embajadores del rey Merodac-Baladán llegaron a Jerusalén y bajaron hasta Egipto. Ezequías no pudo resistir la tentación y se unió a la liga antiasiria (2 Re 20,12ss). Isaías denunció vigorosamente a los que bajaron a Egipto en busca de carros y caballos. Asiria era el instrumento de la ira de Dios. La salvación de la nación había que buscarla en la conversión a Yahvé.
3. LOS PROFETAS
En el siglo VIII tenemos cuatro
grandes profetas: en el Reino del Norte están Amós y Oseas (figura de Dios como
esposo y padre), y en el Reino del Sur Isaías y Miqueas.
En épocas anteriores, todos los
profetas hablaban y su mensaje se transmitía de boca en boca. Con Asiria cobra
auge la escritura y nacen los profetas escritores. Algunos escriben
directamente y otros tienen sus secretarios.El siglo VIII es el siglo de oro de la profecía judía (Homero está empezando con la Ilíada en Grecia). La religión de Israel es de corte profético por excelencia.
Vemos el texto de Isaías 1,10-20:
¡BUSCAD EL DERECHO! LA LEY DE
NUESTRO DIOS (IS 1,10-20)
Is
1, 10 A Oíd la palabra de Yahvé, príncipe de Sodoma,
escuchad la ley
de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.11 B ¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? –dice Yahvé.
Estoy harto de holocaustos de carneros y grasa de cebones;
la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada.
12 ¿Por qué entráis a visitar mi rostro?,
¿Quién pide eso de vuestras manos cuando pisáis mis atrios?
13 B’ No me traigáis más ofrendas vacías, más incienso execrable.
Novilunios, sábados, reuniones… ¡No aguanto iniquidades y asambleas!
14 Vuestras solemnidades y fiestas mi alma las odia,
son para mí una carga que no puedo soportar.
15 Cuando extendéis vuestras palmas, oculto mis ojos de vosotros;
Aunque multipliquéis las plegarias no os escucharé:
vuestras manos están llenas de sangre.
16 C Lavaos, purificaos; apartad de mi vista el mal de vuestras acciones;
17 dejad de hacer el mal; aprended a obrar bien,
Buscad el derecho, reprobad (=enderezad) al opresor,
haced justicia al huérfano, defended a la viuda.
18 D Entonces venid y haremos cuentas, dice Yahvé.
Aunque vuestros pecados fuesen como púrpura, blanquearán como nieve;
Aunque sean rojos como escarlata, quedarán como lana.
19 E Si estáis dispuestos y escucháis, comeréis lo sabroso de la tierra;
20 si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá,
Pues la boca de Yahvé lo ha proclamado.
Comentarios
Is 1,10 (A): Habla de Sodoma y Gomorra
que están destruidas desde hace siglos. Lo que hace es hablar a los príncipes
de Judá y les está diciendo que son unos perversos.
“Escuchad la Ley de nuestro Dios”:
Isaías se está adjudicando una autoridad como la de Moisés, es decir: mi
palabra es la de Dios. Los maestros son los que dictan las obras maestras.
Isaías lo que quiere decir es: con mi palabra voy a crear, mi palabra hace ley.Is 1,11-12 (B): ¿Quién mandó hacer tantos sacrificios en el templo? Dios, en la Ley de Moisés. Pero, aquí dice que está harto de los sacrificios.
Is 1,13-15 (B’): Hay un culto bien organizado en Jerusalén, el único templo que quedaba.
Dios se esconde del pueblo. Hay mucha sangre de sacrificios, también sangre humana de injusticia.
Is 1,16-17 (C): Hay una parte positiva y una parte negativa: evita el mal y haz el bien concreto.
Se había producido una sacralización del templo, de los sacrificios. Pero Dios no quiere culto, quiere conducta ética.
Is 1,18(D): De un Dios de “pura sangre” pasamos a un Dios que acusa a los que tienen las manos ensangrentadas de injusticia. Dios hace la promesa: Yo os perdonaré. El rojo, el púrpura, el escarlata, serán blanqueados; es una gran promesa.
Dios quiere la conversión ética, no el culto. La promesa de Dios es como el imán que nos va a atraer, lo que nos va a hacer cambiar. Nos habla del futuro mesiánico, que va más allá de los sacrificios.
Is 1,19-20(E): La misma violencia que estáis suscitando, se os volverá contra vosotros.
¿Quién va a hacer caso a este profeta? Está destinado al fracaso completamente.
¿Cuál es la Ley de Dios? ¿Los ritos? ¿Las prácticas de devoción? No. Y hacer el bien y evitar el mal. La profecía trata de provocar, de incomodar.
Prosigamos con otros textos de Isaías;
Is 2,6: “Has desechado a tu pueblo, la Casa de Jacob, porque estaban llenos de adivinos y evocadores, como los filisteos, y con extraños chocan la mano”.
Is. 3,24: “Por debajo del bálsamo habrá hedor, por debajo de la faja, soga; por debajo de la peluca, rapadura; y por debajo del traje, refajo de arpillera; y por debajo de la hermosura, vergüenza”. Las profecías son breves, pero atinadísimas.
Is 5,1-7: Cántico de la viña.
Is 5,8: “¡Ay, de los que juntáis casa con casa, y campo a campo anexionáis, hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país!”. Ésta es la crítica más fuerte contra la acumulación de bienes.
Is 5,20: “¡Ay, de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo!”.
Is 5,26: “Iza la bandera a un pueblo desde lejos y le silba desde los confines de la tierra: vedlo aquí, rápido, viene ligero”. Está anunciando la invasión asiria. Aquí tenemos una gran novedad: la acción de Dios se realiza en el ámbito internacional. Dios llama a Asiria para que venga y conquiste a su pueblo.
Isaías nació en Jerusalén, es un gran diplomático; sabía de política. Avisa al rey de que no se venda a Egipto. Asiria se había comido el reino del Norte y, el del Sur, está a punto de ser comido también. Se alía con Egipto. Asiria aplasta al reino del Sur.
No puedes vender tu alma al poder militar, al poder de las grandes potencias. Lo más contrario a la fe es el temor. Confía en Dios, arriésgate.
En Is. 7,10-17, tenemos una promesa. Ajaz dice: ¿cómo voy a tentar a Dios? Somos muy piadosos y no nos atrevemos a retar a Dios; pero Dios nos da, por su propia iniciativa, la señal: la joven concebirá y dará a luz.
Enmanuel: Dios-con-nosotros es como un grito de guerra.
Mateo lo recoge del texto griego: La virgen concebirá un hijo.
Nos muestra la asistencia de Dios en un estado crítico de la nación: dimensión mesiánica hasta Jesús, hasta nosotros.
Is 8,1-3: “Yahvé me dijo: Toma una placa grande, escribe en ella con buril: de Maher Salal Jas Baz, y toma por fieles testigos míos al sacerdote Urías y a Zacarías, hijo de Baraquías.
Me acerqué a la profetisa, que concibió y dio a luz un hijo. Yahvé me dijo: Llámale: Maher Salal Jas Baz, pues antes que sepa el niño decir papá y mamá, la riqueza de Damasco y el botín de Samaria serán llevados ante el rey de Asur”. La vida del pueblo está expuesta al saqueo.
Is 9,5-6: Declaraciones de amor; pasión y amor de Dios casi en primera persona.
En el capítulo 13, Isaías profetiza sobre otros pueblos fuera de Israel. Isaías (capítulos 1 al 39 del libro de Isaías) es uno de los artífices más luminosos de la historia de las religiones del mundo entero.
Otro profeta contemporáneo a Isaías fue Miqueas. Miqueas es un campesino del reino del Sur.
Miq. 3,12: “Por eso, por culpa vuestra, Sión será un campo arado, Jerusalén se hará un montón de ruinas y el monte del Templo un otero salvaje”: denuncia y anuncio.
Miq. 5,1: “Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti ha de salir aquel que ha de dominar en Israel y, cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.” (Belén quiere decir la casa del pan).
En el 721, cae el reino de Samaria. En el Sur, tienen que transigir.